Su peso dentro de la institución fue tan grande que, después de su retiro en 1997, el Milan decidió retirar definitivamente la camiseta número 6. Hasta entonces, ningún futbolista del club había recibido semejante reconocimiento, una decisión que terminó de unir para siempre su nombre con la historia del conjunto italiano.
Pero Baresi no fue solamente una leyenda del Milan, sino también una figura fundamental de Italia. Con la selección disputó 81 partidos y participó en tres Mundiales. Integró el plantel campeón en España 1982, alcanzó el tercer puesto como local en 1990 y capitaneó a la Azzurra en la final de Estados Unidos 1994 ante Brasil.
En aquel torneo protagonizó una de las mayores demostraciones de carácter de su carrera. Regresó apenas 25 días después de una operación de rodilla y completó los 120 minutos de la definición. Falló el primer penal de una tanda que terminó coronando a Brasil, pero su actuación quedó recordada como una de las imágenes más fuertes de aquel Mundial.
Parte de la familia: el defensor nunca dejó ir al San Siro
Su despedida como futbolista en 1997 no significó una ruptura con el club al que había dedicado toda su carrera. Baresi comenzó una nueva etapa cerca de las categorías juveniles, trabajando con los equipos formativos y transmitiendo a los jóvenes una identidad que había representado durante dos décadas dentro del campo. Sentía que todavía tenía algo más para darle a la institución de sus amores.
Su única experiencia lejos de Milán fue breve. En 2002 aceptó convertirse en director deportivo del Fulham, con responsabilidades sobre la cantera, el scouting y el desarrollo del fútbol femenino, pero dejó el cargo apenas dos meses después. Poco tiempo más tarde regresó al conjunto rossonero para dirigir a sus juveniles y volver al lugar donde siempre había sentido que pertenecía.
Con el paso de los años, su función dejó de estar relacionada directamente con los entrenamientos y adquirió un carácter más institucional. Baresi se convirtió en uno de los principales representantes internacionales del Milan, participó en actividades con los aficionados y acompañó al club en eventos destinados a mantener viva su historia alrededor del mundo.
En 2020 fue nombrado vicepresidente honorario, un cargo que le permitió aportar su conocimiento, reforzar el vínculo emocional con los hinchas y transmitir los valores de la institución a las nuevas generaciones. Cuatro años más tarde cumplió medio siglo ligado al Milan y se convirtió en el primer integrante de su Salón de la Fama, el reconocimiento definitivo para una figura que ya formaba parte de la identidad del club.
Baresi siguió ocupando ese lugar hasta sus últimos meses. Ya no necesitaba llevar la cinta ni vestir la camiseta número 6 para ejercer como capitán: su sola presencia continuaba funcionando como un puente entre el gran Milan del pasado y una institución decidida a conservar aquella identidad.
Ahora, el dorsal que el club retiró para siempre adquirirá un significado todavía más profundo. Cada número 6 ausente sobre el césped de San Siro recordará al defensor que nunca cambió de colores y que, incluso después de dejar de jugar, jamás abandonó al Milan.
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