La escritora colocó a los afroamericanos, en particular a las mujeres, en el centro de sus novelas, en un momento en que ellas pertenecían a los márgenes, tanto de la literatura como de la vida. Es reconocida por haber plasmado como nadie lo que significa ser negro en Estados Unidos, desde el pasado de esclavitud hasta la desigualdad que permanece más de un siglo después de que terminara.
"Ser una mujer negra no es un lugar superficial desde el que escribir, sino uno rico. No limita mi imaginación sino que la expande. Es más rico que ser un escritor hombre blanco porque sé más y he tenido más experiencia", dijo Morrison a The New Yorker en 2003.
Toni Morrison nació como Chloe Adelia Wofford en febrero de 1931. Hija de George Wofford y Ramah Willis, su abuelo había sido un esclavo. A los 12 años, se convirtió al catolicismo, la fe de su familia extendida, y eligió el nombre Anthony, que luego se transformó en Tony.
Durante la adolescencia, entró a trabajar como empleada doméstica en lo de una familia blanca. Más adelante, estudió Inglés en las universidades Howard y Cornell y se casó con el arquitecto jamaiquino Harold Morrison, con quien estuvo casada 6 años y tuvo 2 hijos.
Morrison dijo creer que su matrimonio no funcionó porque las mujeres jamaiquinas son muy serviles en su matrimonio y ella no lo era.
Tras su divorcio, Morrison entró a trabajar como editora en Random House en Syracuse, Nueva York. Criando sola a sus 2 hijos, Morrison se despertaba cada mañana a las 4 para poder escribir antes de entrar a trabajar.
Cuando se sentía desalentada, pensaba en su abuela, que había escapado del sur con 7 hijos y sin apoyo alguno. Cualquier pánico existencial, sobre sus ingresos, sobre su futuro como escritora y su maternidad, se evaporaban de cara a las necesidades diarias.
"Era joven. Empecé a escribir a los 39. Ese es el pico de la vida. La verdadera liberación eran los niños, porque sus necesidades eran tan simples. Necesitaban que yo fuese competente. Necesitaban que yo tuviese sentido del humor. Querían que yo fuese una adulta. Nadie más pedía eso de mí. Ni siquiera en el trabajo, donde a veces me requerían ser femenina, o dominante, o linda. A los niños no les importaba si no me había peinado, no les importaba cómo me veía", contó, según el diario The Guardian.
La escritora contaba con una red de apoyo de amigas, que la ayudaban con los niños, y algunas de las cuales cuya ficción Morrison terminó editando y publicando.
Casi nada podía distraerla cuando estaba escribiendo, dijo. "Las épocas en que no escribía, por ahí estaba enamorada. O siendo amada. Alguien estaba convirtiéndome en objeto de su amor. No es malo. Es corto, pero no es malo", confesó en entrevista con The Guardian.
En 2010, Morrison perdió a su hijo Slade, con quien escribía libros para niños. Slade padecía cáncer de páncreas. Morrison quedó literalmente sin palabras y durante mucho tiempo, no pudo escribir. Intentó leer libros escritos por autores que hubiesen perdido un hijo, pero no le sirvieron, como tampoco le servían las palabras de la gente que intentaba consolarla.
"Libros que han sido escritos sobre la muerte de un hijo, pero son todos sobre el autor. Y la gente que intentaba consolarme, intentaba consolarme a mí. Nunca escuché nada sobre él. Dicen que se trata sobre los que quedan vivos, y no es así, se trata sobre los muertos."
La autora dijo al diario The Guardian que no quería un "cierre": "Eso es algo tan americano. Tengo lo que quiero. Memoria. Y trabajo. Y un poco de ibuprofeno", aseguró entre risas en esa entrevista de 2012. Eventualmente Morrison pudo volver a trabajar y en 2015 publicó su último libro, "God help child", en el que cuenta momentos duros de su vida como el fallecimiento de su hijo.
Cuando recibió el premio Nobel en 1993, Morrison dijo: "Morimos. Ese puede ser el significado de la vida. Pero creamos lenguaje. Esa puede ser la medida de nuestras vidas."