Hace tiempo que Carlos Menem sabe que la reivindicación sólo ocurrirá cuando se haya ido y así podrá comenzar alguna revisión menos irracional de aquellos años que fueron imperfectos pero sin duda fueron mejores. Es un precio elevado pero él aceptó pagar. Un tiempo en el que pareció que la Argentina tenía alguna oportunidad, al menos lo creyeron en el 1er. Mundo y así Argentina fue incorporada al G20 mientras los imbéciles hablaban de "relaciones carnales" pero festejaban viajar a Nueva York sin necesidad de visa. Progresistas... pufff.
El paciente sabe que no se lo reconocerán en vida quienes sólo han construido esta Argentina mediocre que rasca el fondo del tarro buscando algún dólar, que no recibe capitales genuinos y anuncia vacunas que no sabe cómo conseguir en cantidades suficientes. Una Argentina que tiene la misma cantidad de trabajadores formales que cuando había 10 millones de habitantes menos, y que festeja la cantidad de subsidios sociales que paga mientras critica a quienes contribuyen con los impuestos que permiten esos planes.
A propósito, una disgresión: 'dibujar' el volumen de inversiones con la venta de camionetas y la liquidación de divisas de exportación de maquinaria agrícola es una inmoralidad del INdEC de Lavagna Jr., sin duda una buena persona pero que ha permitido ese error, y 2 mediciones bien diferentes sobre PBI, cruce entre el director que permanece en Esquel sin Internet y el que está en la Costa atlántica, que requeriría alguna aclaración de cuál es la válida. Un organismo creíble no puede ofrecer 2 datos diferentes. En los '90 no se precisaba 'dibujar' el volumen de inversiones directas.
Volviendo a Menem, él carga desde hace tiempo con esa convicción del juicio histórico sólo en la ausencia, pero quienes lo conocen saben que nunca revela todos sus pensamientos.
El problema cardiovascular es inocultable. El músculo se fue debilitando y, para colmo, en Los Arcos, se complicó con lo renal.
La familia insiste en que tantas veces ingresó, otras tantas salió de alta, ¿por qué no creer que el hijo de Saúl y Mohibe volverá a sentarse para la votación en el Senado, donde lo esperan para cumplir con su convicción del No?
Está muy bien que el deseo no decaiga. Al fin de cuentas, el deseo puede gatillar la voluntad, que sigue resultando un punto de apoyo más potente que el que invocaba Arquímedes, el de Siracusa.
Pero la voluntad necesita algunos otros combustibles para mantenerse activa, y por allí pasan las interconsultas de los médicos por estas horas, que apelan a los capítulos más modernos de la ciencia para rescatar al paciente.
Sus amigos confían, igual que su familia, que sólo se trata de otro susto. Ojalá sea así.