Dato: La etnografía consiste en observar las prácticas culturales de los grupos sociales y participar en ellos para así contrastar lo que la gente dice (discurso) y lo que hace (prácticas culturales).
Ambrosetti y su discípulo Salvador Debenedetti son considerados los pioneros de la etnografía, con la que sentaron las bases del desarrollo de la antropología social argentina.
Su investigación más famosa fue en el noroeste argentino, en 1908: el descubrimiento del Pucará de Tilcara en la Quebrada de Humahuaca.
En compañía de Debenedetti llegó a Tilcara y durante los veranos de los años siguientes exploraron el Pucará y extrajeron unas 3.000 que, junto a sus observaciones, permitieron formarse una idea de cómo era la vida de sus habitantes antes de la llegada de los españoles.
El Pucará de Tilcara es un sitio arqueológico formado por numerosas construcciones realizadas por los indígenas tilcaras, una parcialidad de los omaguacas.
El museo que se encuentra junto a la perdida ciudad de los Quilmes en los Valles Calchaquíes, recibe actualmente su nombre.
El origen
El antropólogo dedica su experticia en diferentes campos, tales como:
- la antropología sociocultural o etnología,
- la arqueología,
- la antropología filosófica,
- la antropología lingüística,
- la antropología biológica,
- la antropología forense.
El origen de la antropología como disciplina se encuentra en la segunda mitad del siglo XIX, siendo la 'Teoría de la Evolución' darwiniana un motivador superestructural.
Dentro de la antropología, conforme al consenso arribado y homologado por la American Anthropological Association se definen 4 campos esenciales:
- Antropología lingüística.
- Antropología cultural o Etnología.
- Antropología biológica.
- Antropología filosófica.
El logos que enuncia al sujeto
La consolidación de las ciencias humanas y el surgimiento de las diferentes antropologías también ha puesto de manifiesto interrogantes:
¿cómo se articula la antropología con el resto de ciencias que tratan acerca de la persona humana?;
¿cómo hablar del hombre en medio de tantos discursos sobre él y de tanta lucha semántica por incluir en tal concepto aquello que ya incluía, mas no visualizaba?;
¿No visualizaba?, ¿Invisibilizaba?, ¿Transparentaba?
Diálogo con el antropólogo argentino Carlos Reynoso | Modelos antropológicos
Crisis antropológica y el Templo de Apolos
La ética no plantea el “deber ser”, sino en “saberse”. No se puede ser sin saberse y saberse implica a otro que me atestigua.
La exhortación de Píndaro -“llega a ser quien eres”- exige el previo cumplimiento del “conócete a ti mismo”, esculpido en el frente del templo de Apolo, en Delfos.
Cuando los avances científicos y técnicos permiten un mejor conocimiento del ser humano en sus distintos niveles, resulta la paradoja del desconocimiento del orden personal del ser humano; sabemos mucho más que antaño acerca del ser humano, pero ignoramos más que nunca su verdad.
Muy probablemente, ése es el problema fundamental que está en la base y origen de la compleja crisis actual que se manifiesta en muy diferentes órdenes; pero al mismo tiempo es la vía para una solución conjunta.
El problema del mundo actual es un problema ético y no tecnológico. Toda actividad humana presenta un aspecto técnico y otro moral, por lo que las inmensas y positivas posibilidades que la civilización ofrece a la criatura humana están llenas de ambigüedad, y ello hace que hoy en día no podamos mirar el progreso científico y técnico con la misma ingenua superficialidad que era característica en siglos pasados.
El obrar ético, el obrar conforme a nuestra naturaleza o esencia, ese obrar que es el único auténticamente libre, requiere fundamentarse en una adecuada noción de persona. Sin una idea de humanidad no es posible una escala de valores y por ello nuestra civilización va perdiendo progresivamente su humanidad frente al poder de la tecnología, de las leyes de mercado o de egoístas ambiciones personales o colectivas.
El obrar moral es el que corresponde a la persona humana en cuanto tal, pero la crisis ética de nuestra civilización se ha generado porque la humanidad misma ha olvidado su auténtica naturaleza. Los problemas centrales de la cultura presente quizás no sean muy distintos a los del hombre de todos los tiempos.
Sin embargo, la actitud vital, intelectual y moral propia de la postmodernidad en la que nos hallamos inmersos provoca que sí haya variado substancialmente el modo de afrontar los problemas y, consiguientemente, las posibilidades de ofrecer soluciones reales.
En este contexto de pérdida de identidad, de incertidumbre y desconcierto respecto a la imagen de lo humano, ahondar en la reflexión filosófica, crítica y sistemática en torno del ser y el significado amplísimo de la persona humana se convierte en una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo.