Pesca, petróleo y una petición desesperada a la Argentina
Hoy, Annobón es la provincia más pequeña y más austral de Guinea Ecuatorial. Está tan alejada del continente que casi nadie se acuerda de ella, ni siquiera el propio gobierno al que pertenece. Tiene poco más de 5.000 habitantes y dos pueblos: San Antonio de Palé y Mabana (antes San Pedro). Hay un hotel con 55 habitaciones que casi nunca se llena, no hay vuelos regulares ni barcos que lleguen con frecuencia. Viven de la pesca y de lo que da el bosque, aunque los recursos son limitados y los servicios básicos brillan por su ausencia.
Orlando Cartagena Lagar, su primer ministro, denunció en varias entrevistas que su pueblo vive bajo un sistema de opresión brutal. "Sufrimos una agresión permanente. Llevamos años gritando, pero nadie nos oye", dijo hace poco en Radio Rivadavia. El reclamo no es nuevo: en 2022 declararon su independencia de Guinea Ecuatorial, aunque no fueron reconocidos internacionalmente.
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El primer ministro de Annobón pidió apoyo a Argentina para liberarse de la dictadura de Guinea Ecuatorial y terminar con décadas de aislamiento y abusos.
Su pedido a la Argentina, aunque suene exótico, se basa en un vínculo histórico real: "Podemos ser parte de Argentina; podemos ser una provincia o un estado anexado", lanzó. Y aclaró: "Anexar es una palabra peligrosa, porque nosotros no estamos pidiendo socorro para ser víctimas de otro imperio. Le estamos pidiendo a Argentina su apoyo".
En lo económico, Annobón también es una ficha clave en el ajedrez geopolítico del Golfo de Guinea. Aunque la isla no produce petróleo directamente, gracias a su ubicación le permite a Guinea Ecuatorial reclamar derechos sobre una inmensa área marítima rica en hidrocarburos. Según estimaciones, hay hasta 34 mil millones de barriles de petróleo en la zona. Y esa riqueza, en vez de beneficiar a los isleños, sirvió para financiar el régimen autoritario de Teodoro Obiang, el presidente que gobierna con mano de hierro desde 1979.
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Gracias a su ubicación estratégica, Annobón permite reclamar vastas zonas marítimas con petróleo, aunque los beneficios nunca llegan a la población isleña.
Mientras tanto, la gente en Annobón vive sin agua potable, sin luz, sin médicos y bajo amenaza constante. En 1993, incluso hubo una rebelión contra el gobernador impuesto por Malabo, que terminó con ejecuciones extrajudiciales. Desde entonces, la situación sigue igual o peor.
Así, la pequeña isla que alguna vez fue parte del mismo mapa que Buenos Aires hoy vuelve a mirar hacia el sur. Y aunque nadie espera que la bandera argentina flamee en Annobón, el pedido de ayuda reabre una historia que muchos en el país ni sabían que existía.
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