En esos días previos al 25, la ciudad hervía de rumores. Muchas de las reuniones conspirativas se hacían en la casa de Nicolás Rodríguez Peña, ubicada por donde hoy pasa la calle Rivadavia al 800. Por ahí pasaban figuras como Belgrano, French, Viamonte y Castelli, que se reunían con doña Casilda Igarzábal, esposa del anfitrión, para debatir cómo dar el golpe político. La comida, claro, no podía faltar, y uno de los lugares más visitados era la fonda de Los Tres Reyes, cerca de la plaza. El menú, según cuentan, incluía carbonada, albóndigas, guisos de carne y hasta asado, un festín no apto para estómagos sensibles.
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Buenos Aires, con apenas 40.000 habitantes, era una ciudad colonial con tradiciones propias, reuniones conspirativas en casas céntricas y comidas típicas como guisos y asado, todo en el contexto previo a la revolución.
Mientras tanto, en la ciudad circulaban noticias a través de un único periódico: el Correo de Comercio, dirigido por Manuel Belgrano. En una de sus páginas, incluso, se anunciaba la llegada al puerto de paraguas, un lujo exótico por entonces, que sin embargo eran bastante usados: en un comercio se llegó a contar 27 paraguas de hule, vendidos a 4 reales cada uno.
El virrey Cisneros, en tanto, tenía fama de medio sordo, una secuela de la explosión de un cañón en la batalla naval de Trafalgar. Le gustaban los juegos de cartas como la malilla y el truquiflor, el antecesor del truco. Aunque también aparece retratado en grabados jugando al ajedrez, algo más elegante. A Cisneros lo incomodó mucho su inclusión forzada en la Junta del 24 de mayo. Belgrano, furioso, prometió que si el virrey no renunciaba al día siguiente, lo echaría por la fuerza.
La ciudad de entonces no tenía agua corriente ni heladeras, por lo que era común ver a los aguateros, que traían agua del río en barriles. La ropa se lavaba en la orilla del Riachuelo, a cargo de las lavanderas. La iluminación callejera, por su parte, era muy precaria: apenas unas velas de cebo encerradas en faroles de vidrio, que solo estaban en las calles principales.
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La ciudad tenía pocas comodidades, estratificación social marcada y en las tertulias criollas empezaba a gestarse la idea de un nuevo país.
La sociedad colonial estaba fuertemente jerarquizada: los españoles ocupaban los cargos importantes, los criollos aspiraban a tener poder local, y debajo estaban mestizos, mulatos, indígenas y esclavos africanos, que todavía eran traídos en barcos. Estos últimos tenían los domingos libres, y allí nació una forma temprana de candombe, con danzas y tambores.
También era una sociedad muy conservadora, donde las mujeres "honradas" solo salían de sus casas tres veces: al bautismo, al casamiento y al entierro. Pero en las tertulias (esas reuniones privadas con música, baile y política), los criollos comenzaban a imaginar un nuevo país. Como resume Balmaceda: "En 1810 logramos la autonomía. En 1816, la independencia". Así comenzaba la historia de un país que, más de dos siglos después, sigue encontrando en ese 25 de mayo una razón para recordar la historia y servirse un buen locro.
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