La dictadura de Onganía y el fútbol como espectáculo
Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, se hizo de todo para ayudar a la selección. Enorme desacierto del gobierno de facto.
28 de junio de 2023 - 10:22
Un 28 de junio de 1966, fuerzas militares encabezadas por el general Juan Carlos Onganía derrocaron al presidente democrático Arturo Illia. La cúpula militar de la dictadura comprendió la influencia del fútbol en el público y apostaron por el seleccionado argentino en las eliminatorias.
Los militares que se habían instalado en el poder eran diferentes a los de las anteriores dictaduras. Estos se habían adoctrinado en Estados Unidos, de modo que su búsqueda se centraba en impedir el avance del comunismo soviético y promover los valores del mundo occidental y cristiano.
La histeria colectiva que había generado el gobierno de Illia al no poder afrontar los problemas económicos que aquejaban a la población les daba a las fuerzas armadas una razón suficiente para entablar relaciones con los grandes grupos económicos. Fue por este mismo precepto que el general Onganía se acercó rápidamente al fútbol.
Argentina había alcanzado los octavos de final en el Mundial de Inglaterra 1966 cuando asumió la dictadura.
Mediante este deporte, y utilizando el juego de la selección argentina, el dictador buscó destacarle a la ciudadanía algunos valores, de modo que se expandieran masivamente en la población para que aceptaran el modelo de desarrollo que se trataría de imponer en el país.
Su gobierno había llegado días antes del Mundial en Inglaterra (que terminó con la Argentina eliminada en octavos de final) y apostaría por el seleccionado en las eliminatorias por la siguiente Copa del Mundo. Lamentablemente, semejante presión sería la perdición de Argentina.
La selección juega con un arma en la cabeza
Aldo Porri en la AFA, Adolfo Pedernera como DT de la selección y la Bombonera como terreno de las últimas eliminatorias para el Mundial de México 1970. ¿Qué podía salir mal? Todo.
Buscando demostrarle a los argentinos la superioridad de su equipo, representantes de la dictadura pusieron a los mejores en puestos clave para asegurar su entrada en la Copa del Mundo. Sin embargo, algo que no tuvieron en cuenta fue la presión que eso ponía sobre los jugadores.
Argentina había vencido a Bolivia, aunque debía hacer lo mismo con su nuevo rival Perú si quería clasificar. A pesar del apoyo de la hinchada y los abucheos al seleccionado peruano, junto con el hecho de estar jugando en su propio país, los sueños de los albicelestes se truncaron ahí.
Perú eliminó a Argentina de las clasificatorias para la Copa del Mundo de México 1970. El partido fue en la Bombonera y terminó empatado 2-2.
El equipo inca jugó tranquilo mientras que el blanquiceleste lo hizo con un arma en la cabeza, nervioso, presionado, temeroso. La coacción que recibía indirectamente de parte del gobierno dictatorial influía en su desempeño. De esta manera, el encuentro para ganarse un lugar en el Mundial terminó en empate 2-2: suficiente para Perú, insuficiente para Argentina.
Por suerte, hoy entendemos cómo los jugadores perciben los papelones de la dirigencia, y eso se ve reflejado cuando juegan en la cancha. No lo comprendió la dictadura de Onganía, lo cual es un alivio. Peor hubiera sido decir que un gobierno de facto hizo las cosas bien.