Estos valores fueron por demás superiores a la inflación nacional, del 1,9%, y a la regional, del 1,7%, según datos del INDEC. Mismo, el dato oficial de inflación de Alimentos en la región NEA registró una suba de 1,2% en septiembre.
En términos nominales, Salta tuvo el mayor aumento del mes, con $57.913 adicionales respecto del cierre de agosto. Le siguieron Entre Ríos, con $52.835, y Corrientes, con $51.681.
Mendoza volvió a destacarse por su menor variación: la canasta aumentó apenas $3.827, equivalente al 0,9%. También se observaron incrementos moderados en Neuquén y Río Negro, ambas con un 1%.
La comparación interanual muestra otra dinámica. Chubut acumuló un alza del 34,9% en doce meses, seguida por Tierra del Fuego (34,5%) y Chaco (34,2%). Mendoza registró el menor incremento, con 24,6%, por debajo de San Luis (24,9%) y La Rioja (26,1%).
Cebolla, tomate y arroz: los productos que presionaron los precios
Dentro del changuito, la cebolla fue uno de los alimentos con mayores aumentos. En San Luis trepó un 74,1% y en San Juan, un 63,2%. El tomate redondo también registró subas importantes, encabezadas por Mendoza, con 30,3%.
El arroz, que no había variado en agosto, aumentó en todas las jurisdicciones durante septiembre. Las subas oscilaron entre el 2% y el 7% en la mayoría de las provincias, aunque Santa Cruz alcanzó el 8,1%. La leche también mostró aumentos generalizados: Chubut lideró con 5,2%, mientras que Tierra del Fuego registró una baja del 0,3%.
En contraste, el aceite de girasol mostró una mayor estabilidad. En 17 de las 25 jurisdicciones relevadas, la variación fue inferior al 1%.
El salario, la otra cara del costo de vida
Analytica vincula parte de las diferencias regionales con la estructura salarial. La Patagonia combina canastas más caras con remuneraciones privadas registradas relativamente elevadas. Santa Cruz, por ejemplo, tiene el segundo salario promedio más alto del sector privado formal, detrás de Neuquén.
Sin embargo, los promedios pueden ocultar fuertes desigualdades entre trabajadores. Al comparar la canasta con el salario del comercio minorista, uno de los sectores con mayor cantidad de empleados del país, el peso de las compras aumenta considerablemente: en varias provincias, el gasto mensual supera un tercio de la suma de dos salarios de esa actividad.
El resultado deja una conclusión económica central: el costo de vida no depende únicamente del precio de los productos, sino también de cuánto gana cada hogar. Incluso donde la canasta es más barata, la capacidad de compra puede seguir bajo presión si los ingresos no acompañan los gastos esenciales.
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