Más allá del impacto territorial de la apertura, Arriazu identificó al equilibrio fiscal como el principal elemento diferenciador del actual programa económico respecto de experiencias anteriores de estabilización.
“Lo único que es distinto es que hemos eliminado el déficit fiscal”, afirmó al ser consultado sobre las posibilidades de éxito del esquema vigente.
Según su análisis, la eliminación del déficit permitió alcanzar la coexistencia de superávit fiscal y superávit externo. De acuerdo con su proyección, el país cerrará el año con ambos indicadores en terreno positivo, un escenario que, sostuvo, no registra antecedentes en la historia económica reciente y que tampoco se observa actualmente en otros países de América Latina.
Otro de los ejes centrales de su exposición fue el comportamiento de la demanda de dólares. Arriazu recordó que durante el último año los argentinos compraron US$ 40.000 millones y estimó que el próximo año la demanda continuará siendo elevada debido al calendario electoral. En ese sentido, reiteró que Argentina mantiene una estructura bimonetaria, donde el dólar continúa funcionando como reserva de valor y unidad de cuenta.
El economista anticipó que podrían registrarse tensiones cambiarias durante el año próximo, aunque estimó que una eventual corrida cambiaria ocurriría en una etapa avanzada del proceso electoral. Esa dinámica, consideró, otorgaría al Gobierno una ventana para continuar acumulando reservas antes de que aumente la presión sobre el mercado de cambios.
Factores de crecimiento económico para Argentina
En su análisis de mediano y largo plazo, Arriazu estimó que el patrimonio de los argentinos equivale aproximadamente a cinco veces el Producto Bruto Interno, con un 80% concentrado en inmuebles y dólares depositados en el exterior. A partir de ese diagnóstico identificó siete factores que, a su entender, impulsarán el crecimiento de la economía: la estabilización macroeconómica, Vaca Muerta, la minería, un cambio en las condiciones del sector agropecuario, la industria del conocimiento, la apertura comercial y una baja permanente del tipo de cambio real.
Respecto de la minería, comparó su potencial con el desarrollo que comenzó a mostrar Vaca Muerta en 2013 y destacó la existencia de una franja cuprífera entre San Juan y La Rioja que calificó como potencialmente la más grande del mundo. No obstante, advirtió sobre importantes restricciones logísticas.
Calculó que la demanda de cemento alcanzaría 17 millones de toneladas, frente a una capacidad instalada de 13 millones, y estimó que serán necesarios 13.000 camiones adicionales y 20.000 choferes para abastecer el crecimiento de la producción minera y agropecuaria.
Para este año, Arriazu proyectó un crecimiento del Producto Bruto Interno cercano al 3,5%, impulsado por el arrastre estadístico, una mejor cosecha y el aumento de la producción de hidrocarburos. Sin embargo, aclaró que la evolución final dependerá de la demanda de dólares por parte del sector privado y reconoció que aún no encuentra una explicación convincente para la caída del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registrada en abril y mayo.
Finalmente, sostuvo que la evolución de la inflación, el salario real y la confianza social serán determinantes para consolidar la recuperación económica durante el año electoral.
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