En este contexto, en el que las políticas del Gobierno Nacional se orientan a reducir la intervención estatal y a maximizar la eficiencia y eficacia en la gestión pública, se vuelve imperioso revisar aquellas funciones que pudieran resultar redundantes o superpuestas, con el fin de asegurar una asignación más racional, eficiente y focalizada de los recursos públicos, explica el decreto.
Quien ponderó la medida fue el propio ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. El funcionario cuestionó el alcance de los objetivos originales de los regímenes y señaló que, en muchos casos, tuvieron efectos contrarios a la promoción.
Estas derogaciones permiten desburocratizar el trabajo de la Secretaría de Agricultura para que pueda concentrarse en temas más relevantes. De hecho en el año pasado la Secretaria de Agricultura ha tenido logros importantísimos para el sector, apuntó Sturzenegger. Estas derogaciones permiten desburocratizar el trabajo de la Secretaría de Agricultura para que pueda concentrarse en temas más relevantes. De hecho en el año pasado la Secretaria de Agricultura ha tenido logros importantísimos para el sector, apuntó Sturzenegger.
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Federico Sturzenegger festejó la medida.
Ganadería ovina en Argentina
Para el sector puntual de la ganadería ovina, Sturzenegger apuntó un “daño especial” a partir del régimen de promoción señalado. Según el funcionario, el marco normativo establecido en ese programa alcanzó un universo pequeño de productores que se vieron beneficiados, quedando por fuera gran parte de los registrados.
¿Por qué digo que son sistemas de “supuesta” promoción? No solo por su fracaso -en 23 años del programa ovino el stock de cabezas cayó de 13 a 12 millones-, sino por lo minúsculo de su población objetivo: en 2023, último año de ejecución, se otorgaron beneficios a 261 productores de un total de 130.000 posibles productores. Es decir, que el programa atendía al 0,2% del universo potencial de beneficiarios. ¿Qué tipo de programa es ese? ¿Quiénes eran ese 0,2%? ¿Cuál era el costo de la estructura estatal necesaria para sostener un programa con ese puñado de beneficiarios?, cuestionó. ¿Por qué digo que son sistemas de “supuesta” promoción? No solo por su fracaso -en 23 años del programa ovino el stock de cabezas cayó de 13 a 12 millones-, sino por lo minúsculo de su población objetivo: en 2023, último año de ejecución, se otorgaron beneficios a 261 productores de un total de 130.000 posibles productores. Es decir, que el programa atendía al 0,2% del universo potencial de beneficiarios. ¿Qué tipo de programa es ese? ¿Quiénes eran ese 0,2%? ¿Cuál era el costo de la estructura estatal necesaria para sostener un programa con ese puñado de beneficiarios?, cuestionó.
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