El impacto de la mora crediticia en los bancos
Los datos de Equifax profundizan ese diagnóstico. En apenas doce meses, 2,4 millones de argentinos ingresaron a la categoría de deudores con atrasos superiores a 90 días. De esta manera, el país suma actualmente 5,7 millones de personas con incumplimientos significativos. La proporción de usuarios con al menos un producto crediticio en mora pasó del 17% al 27%, lo que significa que casi uno de cada tres tomadores de crédito enfrenta serias dificultades para mantenerse dentro del sistema financiero formal, afectando la cartera de los bancos.
El deterioro también se observa en términos monetarios. La participación de la deuda impaga sobre el total del sistema trepó del 3,3% al 10,4% en apenas un año, triplicando su peso relativo.
El fenómeno golpea especialmente a los jóvenes. Entre quienes tienen entre 18 y 25 años, el 37,9% registra algún crédito irregular, mientras que en el segmento de 26 a 35 años la cifra asciende al 39,3%. En muchos casos no se trata de grandes préstamos, sino de pequeñas deudas de consumo cotidiano que deterioran rápidamente el historial crediticio y condicionan el acceso al financiamiento futuro.
"La mora cambió de naturaleza. Ya no está asociada a gastos extraordinarios, sino al supermercado y al pago de servicios básicos con tarjeta", sostiene Ariel Kaplan, senior partner de Brain Network, con el mismo medio. El especialista advierte que la pérdida de poder adquisitivo en sectores como la construcción, el comercio y la industria llevó a muchas familias a priorizar el pago de la luz, el gas o el alquiler antes que las cuotas bancarias.
¿Qué estrategias implementan los bancos ante el aumento de los ingresos impagos?
Frente a este escenario, el sistema financiero comienza a buscar mecanismos de contención. Mientras los bancos privados restringen el otorgamiento de nuevos préstamos tras la fuerte expansión crediticia de 2024, el Banco Ciudad impulsa un programa de refinanciación destinado a una cartera morosa estimada en $1,76 billones, de los cuales $1,3 billones corresponden a préstamos personales y tarjetas bancarias y $490.000 millones a créditos otorgados por fintechs y emisores no bancarios, impactando los ingresos proyectados.
Sin embargo, la eficacia de estos programas también genera dudas. Fuentes del sector financiero estiman que un préstamo refinanciado luego de superar los 90 días de atraso presenta una probabilidad cercana al 40% de volver a caer en incumplimiento.
El rol del BCRA en la gestión de la deuda familiar
Los números plantean un interrogante incómodo para el Gobierno. Si bien la desaceleración inflacionaria constituye un cambio de régimen económico, la estabilidad de precios por sí sola no alcanza para recomponer la situación financiera de los hogares. Con salarios que aún no recuperan plenamente su poder de compra y un crédito cada vez más difícil de sostener, la desinflación comienza a exhibir un costo social que las estadísticas oficiales de inflación no reflejan: el creciente endeudamiento y la exclusión financiera de millones de argentinos, con implicancias para el BCRA.
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