La decisión cobra relevancia porque los depósitos del Tesoro en el BCRA permanecen a rendimiento cero y, mientras están allí, no forman parte de la oferta monetaria. En un contexto de liquidez ajustada, trasladar esos recursos al Banco Central habría implicado una mayor absorción de pesos y podía presionar al alza las tasas de interés.
El rol del Banco Nación
La consultora Eco Go calculó que los depósitos del Tesoro en el BCRA deberían haber aumentado $3,8 billones tras la licitación, pero en cambio registraron una caída de $0,3 billones. La diferencia estimada alcanza $4,1 billones.
Según la consultora, una hipótesis es que el Tesoro haya transferido esos pesos a su cuenta en el Banco Nación para financiar gasto público y/o mejorar el fondeo de la entidad. El antecedente es que en junio la deuda flotante había aumentado $2,2 billones.
Eco Go también señaló que, al último dato disponible de mayo, los depósitos del Tesoro en el sistema financiero alcanzaban $14 billones. Sin embargo, no todo ese dinero es líquido y está disponible para financiar gasto, sino que constituye en buena medida un fondeo de mayor duración para el Banco Nación.
El movimiento podría tener dos efectos. En el plano fiscal, una eventual cancelación de deuda flotante implicaría un aumento del gasto público base caja, con impacto potencial sobre sectores como la construcción, la industria y el comercio. En el frente crediticio, un mayor fondeo del Banco Nación podría ampliar su capacidad para ofrecer refinanciamiento o préstamos subsidiados al consumo.
Alejandro Giacoia, economista de EconViews, coincidió en que mantener los fondos en el Banco Nación permite evitar una reducción adicional de la liquidez. Si el dinero hubiera sido depositado en el BCRA, sostuvo, podría haber aumentado la presión sobre las tasas de interés.
La estrategia, sin embargo, genera cuestionamientos entre operadores. Una fuente del mercado planteó que existe una aparente contradicción en pagar una tasa para captar $4 billones y luego devolverlos al sistema financiero. La crítica apunta a que el Gobierno podría haber retirado liquidez en exceso durante la licitación, con el riesgo de provocar una suba más fuerte de las tasas.
Desde Economía, en cambio, sostienen que ambos objetivos deben analizarse por separado: Finanzas busca administrar los vencimientos y extender plazos al menor costo, mientras que el BCRA determina el manejo de la liquidez. Si las condiciones monetarias cambian y la tensión disminuye, los $4 billones podrían volver a la cuenta del Tesoro en el Banco Central.
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