Sin embargo, los propios números del sistema financiero muestran un cuadro más complejo. El crecimiento explosivo de créditos personales y tarjetas convivió con tasas efectivas que en muchos casos superan ampliamente el 100% anual.
En paralelo, el consumo masivo sigue debilitado y amplios sectores recurren al endeudamiento para sostener gastos corrientes. El fenómeno no parece responder únicamente a una “mala evaluación” de los ciudadanos, sino a una economía donde el crédito reemplaza ingresos que ya no alcanzan.
La contradicción oficial también quedó expuesta en declaraciones anteriores del propio Caputo. Semanas atrás, el ministro había minimizado el endeudamiento familiar afirmando que “en la mayoría de los países del mundo la gente vive con deuda, pasa que la honra”.
Ahora, ante el crecimiento de la mora, el discurso cambia: los hogares ya no serían consumidores integrados al sistema financiero moderno, sino irresponsables que calcularon mal.
Mientras tanto, el Gobierno continúa impulsando una expansión del crédito para dinamizar una economía estancada. El equipo económico busca canalizar más liquidez hacia préstamos privados, aunque los bancos observan con preocupación el deterioro de las carteras y el récord de morosidad.
La secuencia revela una lógica repetida en las explicaciones del gobierno de Javier Milei, cuando los indicadores empeoran, la responsabilidad nunca recae en el diseño del programa. Los bancos prestaron mal, la gente se endeudó demasiado, los consumidores “esperaron una licuación”, pero el ajuste, las tasas prohibitivas y la caída del ingreso parecen quedar siempre fuera del diagnóstico oficial.
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