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Luis Caputo, el camaleón que cambia de guión según la ocasión

Luis Caputo zigzaguea para esquivar las balas que recaen sobre él. No admite error, y ahora culpa a los ciudadanos de endeudarse para comer.

La suba de la morosidad bancaria vuelve a preocupar. Pero, lejos de asumir responsabilidades por el deterioro del poder adquisitivo, el Gobierno eligió trasladar culpas. Primero fue Santiago Bausili, quien responsabilizó a las entidades financieras por haber prestado “a ciegas”. Después llegó el turno del ministro de Economía, Luis Caputo, que apuntó directamente contra los ciudadanos por “sobreendeudarse”.

Según Caputo, muchas familias tomaron créditos “pensando que la inflación iba a licuar las deudas y eso no pasó”. La frase expone una admisión implícita: el programa económico libertario modificó las reglas del juego y dejó a miles de hogares atrapados entre tasas imposibles y salarios deteriorados.

La explicación oficial intenta presentar la mora como una consecuencia natural del crecimiento del crédito. “Si no hay crédito, no hay mora”, había dicho previamente Santiago Bausili, relativizando el problema y sugiriendo que el aumento de los préstamos necesariamente traería incumplimientos.

También sostuvo que los bancos debieron reconstruir el “scoring” de clientes y que la primera ola de financiamiento se otorgó “sin saber a quién se prestaba”.

Los zigzagueos retóricos de Luis Caputo

Caputo fue todavía más lejos. Argumentó que “los bancos no estaban acostumbrados a trabajar de bancos” y que la expansión del crédito bajo la administración de Javier Milei generó “cierta mora adicional”. Para el ministro, el problema no radica en la caída del consumo, en la pérdida de ingresos reales ni en el ajuste recesivo, sino en decisiones individuales equivocadas.

Sin embargo, los propios números del sistema financiero muestran un cuadro más complejo. El crecimiento explosivo de créditos personales y tarjetas convivió con tasas efectivas que en muchos casos superan ampliamente el 100% anual.

En paralelo, el consumo masivo sigue debilitado y amplios sectores recurren al endeudamiento para sostener gastos corrientes. El fenómeno no parece responder únicamente a una “mala evaluación” de los ciudadanos, sino a una economía donde el crédito reemplaza ingresos que ya no alcanzan.

La contradicción oficial también quedó expuesta en declaraciones anteriores del propio Caputo. Semanas atrás, el ministro había minimizado el endeudamiento familiar afirmando que “en la mayoría de los países del mundo la gente vive con deuda, pasa que la honra”.

Ahora, ante el crecimiento de la mora, el discurso cambia: los hogares ya no serían consumidores integrados al sistema financiero moderno, sino irresponsables que calcularon mal.

Mientras tanto, el Gobierno continúa impulsando una expansión del crédito para dinamizar una economía estancada. El equipo económico busca canalizar más liquidez hacia préstamos privados, aunque los bancos observan con preocupación el deterioro de las carteras y el récord de morosidad.

La secuencia revela una lógica repetida en las explicaciones del gobierno de Javier Milei, cuando los indicadores empeoran, la responsabilidad nunca recae en el diseño del programa. Los bancos prestaron mal, la gente se endeudó demasiado, los consumidores “esperaron una licuación”, pero el ajuste, las tasas prohibitivas y la caída del ingreso parecen quedar siempre fuera del diagnóstico oficial.

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