En paralelo, las recientes políticas del gobierno, incluidas las guerras arancelarias y los recortes del gasto social, también estarían golpeando más duramente a los sectores más vulnerables. El Laboratorio de Presupuesto de Yale estimó que los aranceles aplicados por la administración Trump podrían reducir en más del 3% los ingresos del 10% más pobre del país en el corto plazo, mientras que el impacto para el 10% más rico sería de solo un 1%.
Además, la ley fiscal impulsada por Trump —bautizada como “Una Ley Grande y Hermosa”— profundizaría las desigualdades: reduciría en US$ 1.600 anuales los recursos de los hogares más pobres, mientras que incrementaría en US$ 12.000 al año los ingresos del 10% más adinerado.
Mayor desempleo y menos puestos de trabajo
El último informe del Departamento de Trabajo, correspondiente a julio, arrojó señales mixtas: la economía estadounidense sumó solo 73.000 empleos, muy por debajo de las expectativas de los analistas. Además, las cifras de los meses anteriores fueron corregidas a la baja, sumando 258.000 empleos menos de lo estimado originalmente. Como resultado, la tasa de desempleo subió del 4,1% al 4,2%.
Frente a este panorama, el economista Jonathan Pingle (UBS) señaló que “todos intentan descifrar hacia dónde se dirige la economía”. La realidad es que hay dos narrativas enfrentadas: una que resalta la resiliencia del consumo y la moderación de la inflación; y otra que advierte un creciente deterioro entre los consumidores más jóvenes y en sectores de bajos ingresos.
Empresas como Procter & Gamble o Chipotle han detectado señales de fatiga entre sus clientes, quienes están priorizando gastos esenciales frente a los aumentos de precios. La expansión económica se estaría concentrando en segmentos de mayores ingresos, lo que pone en duda la solidez del crecimiento.
Cambio de cabezas "para limpiar las estadísticas"
La noticia que generó más impacto fue la decisión del presidente Donald Trump de destituir a la directora de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), Erika McEntarfer, horas después de que se publicara el informe laboral que calificaron como decepcionante. La medida provocó una ola de críticas entre economistas y expertos. William Beach, ex comisionado del BLS, advirtió en CNN que esta intervención "socava la credibilidad del sistema estadístico", mientras que desde la Casa Blanca se justificó la decisión apelando a la necesidad de tener “datos más transparentes y confiables”.
Kevin Hasset dijo hoy, domingo 03/08, a Fox News:
Los datos no pueden ser propaganda. Los datos no pueden ser propaganda.
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Erika McEntarfer, ex directora del BLS, fue expulsada de su cargo por el presidente Donald Trump el viernes 01/08.
El papel de la migración y la demografía
Otro factor que ha alterado el mercado laboral es la drástica caída de la inmigración. Las restricciones impuestas en los últimos años, junto con redadas de alto perfil, han reducido la oferta de mano de obra extranjera y generado un clima de miedo entre los trabajadores migrantes. A esto se suma el envejecimiento poblacional, que disminuye el ingreso de jóvenes al mercado laboral.
Según Jed Kolko, del Peterson Institute, la economía estadounidense hoy necesita crear solo 86.000 empleos mensuales para mantener la estabilidad del mercado laboral —una cifra muy inferior a los 166.000 de hace apenas un año y medio.
Esta nueva realidad demográfica explica en parte por qué cifras de creación de empleo antes consideradas mediocres ahora no se interpretan como alarmantes. Sin embargo, los expertos coinciden en que el entorno político y fiscal, con nuevas leyes impositivas, aranceles y restricciones migratorias, podría revertir ese frágil equilibrio.
Para los economistas, la mayor preocupación es que los trabajadores con salarios más bajos están perdiendo terreno frente a la inflación, a pesar de que el salario promedio todavía crece por encima de los precios. “Las personas que ya están en el fondo y luchando pueden ser las que estén perdiendo el mayor poder adquisitivo”, advirtió Cory Stahle, de Indeed.
Mientras la administración Trump insiste en que sus políticas traerán beneficios duraderos a la clase trabajadora, los datos revelan un panorama desigual, donde la promesa de prosperidad aún no llega a quienes más la necesitan. Con todo esto, ¿dónde queda el sueño americano?
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