El COVID-19, aún en plena segunda ola, aparece 4 o 5 puestos más abajo. También las expectativas económicas a futuro en la Argentina dan mucho peor que en el "resto del mundo".
Según el gobierno, la responsabilidad es de las empresas, que siguen moviendo sus precios por encima de 40%, y de los consultores, que con proyecciones de inflación del 40/50%, distorsionan el proceso de formación de expectativas (aunque en el REM estimaban para marzo una inflación de 3,8%, un punto por debajo del resultado de 4,8%).
Un informe de la consultora Abeceb revela que la falta de credibilidad en la estrategia "antiinflacionaria" se potencia sí, ante la fuerte incertidumbre que genera la segunda ola de COVID (escasez de vacunas, contagios y crecientes restricciones) en la actividad económica imponiendo nuevos gastos no previstos en el presupuesto.
Una tasa la inflación de 4.8% como la de marzo es en sí misma un hecho disruptivo. Pero hoy sus efectos distorsivos ponen al descubierto las debilidades de la estrategia antiinflacionaria oficial y generan dudas sobre con qué niveles de inflación mensual se llegara a las elecciones.
Hay un 13% de inflación desde enero y, en consecuencia, la proyección de 29% para 2021 es inverosímil. Tal como muestran los gráficos del informe de Abril del economista Diego Giacomini, se necesitaría una inflación de +1,5% todos los meses para que se cumpla el presupuesto del Congreso y de Martín Guzmán.
"Si la inflación no se desacelera visiblemente en los próximos meses, el gobierno va a imponer mayores controles y atraso cambiario, hasta donde las reservas del Central y la brecha lo toleren", señalan desde la consultora.
Para colmo es el precio de los alimentos lo que lideran las subas, lo que incide sensiblemente en la pobreza,
eleva la probabilidad de conflictos en la paritaria y fortalece los movimientos sociales con demandas sobre el gasto público.
Según el informe de Abeceb, el programa antiinflacionario no es ni consistente ni creíble para anclar las expectativas privadas y, por lo tanto, la percepción del futuro le juega en contra. Cuenta con 3 componentes esenciales, y una gran debilidad:
1. La pauta cambiaria, implementada para complementar la política fiscal y monetaria. Esta medida fue posible gracias al marcado incremento del precio de la soja y en menor medida el aporte de DEG del FMI.
2. La intervención en los mercados. Hay congelamiento de tarifas con ajustes lentos y pequeños; controles de precios sobre las firmas sobre todo las alimenticias, amenazas de prohibición de exportaciones (maíz, carne) y cualquier instrumento que tenga la Secretaría de Comercio en función de un relato en el que la "culpa" de la inflación es de las empresas.
3. El control del déficit primario y de la emisión monetaria en base a las metas establecidas por Martín Guzmán en el presupuesto, aunque la forma de alcanzar estos resultados puede variar sin aviso. Por ejemplo, la alteración en la carga tributaria a favor o en contra de diferentes sectores (impuesto a la riqueza, a las ganancias), subsidios para la AUH y personal de salud.
Pero la gran debilidad es que como las medidas no obedecen a un diagnóstico único y consistente sobre la
inflación, en consecuencia, no hay una estrategia clara para coordinar las políticas y los mercados en base a expectativas coherentes y firmes. Es un gobierno que diversifica las decisiones, pero no las coordina. Así, mientras Martín Guzmán diagnostica que actuar sobre los factores macroeconómicos es central –controlar el déficit y la emisión, y buscar el acuerdo con el FMI– la Secretaría de Comercio aprieta el torniquete con controles de precios como si las firmas se desempeñaran en un mundo sin aumento de costos. Por su lado, el Central interviene para alinear el tipo de cambio con la pauta oficial y controlar la brecha.
Y sostienen que un escenario poco deseable sería "el de un gobierno debilitado por un mal resultado electoral que enfrenta la necesidad perentoria de ajustar los precios relativos y el déficit fiscal. Un escenario mejor para corregir la macroeconomía es uno en el que el gobierno se fortalezca en la elección. Pero, paradójicamente, tampoco se puede descartar que en ese marco las autoridades se vean tentadas a aumentar los controles y las intervenciones, considerando que, después de todo, esos instrumentos fueron legitimados en las urnas".