De ello entienden que la clave no estaría en ninguna negociación aparente sino en poder discernir el poder de mayorías que tienen los grandes fondos en los títulos de la Argentina.
El Gobierno buscó entonces dejar en claro que los grandes fondos de inversión con poder de bloqueo en títulos tanto de la Argentina como de Buenos Aires, ya dijeron que no a opciones "más amigables", como la de posponer pagos por unos meses, o de que no están dispuestos a sufrir ningún tipo de quita en las ofertas, como ocurrió en el AF20.
En el mercado se dice que "no hubo intención de tener contacto con los acreedores". Pues, cierto es que puede que no se hayan intentado comunicar con los medianos o chicos, pero insisten en que sí lo hicieron con los grandes, y las conversaciones no prosperaron.
¿Quiénes son? Los fondos Templeton, Black Rock y Fidelity, entre los más resonantes, pero la lista es mayor y según entienden en el oficialismo, estarían sincronizados para intentar ejercer el poder de veto de cualquier propuesta eventual de reperfilamiento o reestructuración de la Argentina en cada especie de bono que puedan.
Para el mercado, que la Argentina llegara a proceder con una propuesta con quita sin consentimiento de los fondos que pueden bloquear la deuda sería "compulsivo" y, para el Gobierno sería "inevitable" si la deuda no es sustentable, y si no hay cooperación del otro lado.
En el medio, el FMI deberá tomar una decisión sobre la Argentina, y lo hará prácticamente al mismo tiempo del lanzamiento de la negociación de la deuda privada.
La pregunta en este caso es si el FMI está dispuesto a convalidar esta relación de choque creciente con los acreedores privados. Pues, el organismo es hoy una suerte de garante del sistema financiero internacional.
Además, el propio FMI tiene sus dudas de cómo le pagará la Argentina cuando aquí sólo se habla de quita y mayores plazos, además de la versión que indica que el Gobierno propondrá que no se le pague capital durante la actual administración de Alberto.
La idea del equipo económico sería la de estirar el período de gracia al Fondo para no tener que poner un sólo dólar en los próximos años. Para eso, y más allá de que el organismo pueda tener buena predisposición, el Gobierno algo tendrá que prometer.
Como fuere, la comitiva del FMI pondrá especial énfasis, tal como dijo Guzmán, en que el arreglo que se lleve adelante con los bonistas privados haga que la deuda sea pagable hacia adelante.
Obviamente que el Fondo no acepta quitas a sus acreencias, como insinuó Cristina desde Cuba, pero dicen que sí estaría dispuesto a reprogramar los vencimientos.
¿Aceptará? La duda reina, pero se hace más sencilla siendo que Donald Trump acaba de cambiar a su representante en el FMI, David Lipton, quien jugó un rol central en el apoyo al gobierno de Mauricio Macri y en el diseño del plan. La novedad que llegó esta semana desde el gobierno de Estados Unidos, sería "una buena señal".
El cronograma que tiene Economía es ambicioso y apunta a tener resuelto todo a finales de marzo. Por eso, Guzmán necesita que el Fondo se pronuncie a favor de la Argentina lo antes posible y, si es posible, en simultáneo con el lanzamiento de la oferta a los acreedores.