Nielsen, el único representante del Gobierno en el foro internacional, advirtió así sobre el nivel de la deuda externa de la Argentina y aseguró: "Todos los argentinos queremos pagarla, pero, para pagar, necesitamos crecer".
Por su parte, el ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, se mostró a favor de la propuesta y afirmó: "Vamos a intentar conectarnos con Vaca Muerta".
La proposición de Nielsen se dio luego de que el Gobierno diera a conocer que va a enviar al Congreso durante el período de sesiones extraordinarias un proyecto de ley que establece un nuevo marco normativo para el sector de hidrocarburos convencionales y no convencionales con el fin de impulsar inversiones e incrementar la producción.
En tanto, el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, convocó a autoridades empresariales del sector en Europa para dialogar sobre el presente de Vaca Muerta y lograr la ratificación de su compromiso de inversión, de acuerdo con medios locales.
El mandatario provincial consideró "estratégica la decisión de YPF de propiciar la construcción del gasoducto" dado que además permitiría "abastecer al cordón industrial de Rosario". "Este gasoducto que nos falta es el cuello de botella que tiene hoy el gas de Vaca Muerta en cuanto a infraestructura y mercado", analizó y resaltó que "es importante porque se trata de una obra estructural y estratégica para el país y para Vaca Muerta".
Lo cierto es que la Argentina ya tiene un gasoducto que se conecta con Brasil por Paso de los Libres, Corrientes, con Uruguayana, en el estado de Río Grande do Sul. Lo que necesita el vecino país es que se extienda por su propio territorio a Porto Alegre y desde ahí revertir el flujo de gas hacia el polo industrial de San Pablo.
Argentina, a su vez, requiere que se amplíe la capacidad de transporte de gas mediante un nuevo gasoducto que conecte Vaca Muerta con San Nicolás.
Es que la formación neuquina posee recurrentes cuellos de botella, ya que no puede evacuar todo el gas que produce porque no tiene cómo canalizarlo. Ello, mientras Brasil recurre a gas boliviano y necesita importar para su industria.
Las exportaciones a Brasil son un negocio a captar mientras no se pueda construir una planta de licuefacción a gran escala, pero el gasoducto nuevo a San Nicolás es imprescindible y tampoco aparecen fuentes baratas de financiamiento, para una obra que costaría US$ 1.000 millones.