No significa que nada de esto vaya a suceder en lo inmediato, pero marca una referencia de lo que piensa en promedio el mercado para que el poder político que se lea del resultado de la elección de medio término del domingo tome nota de los márgenes que tendrá para negociar un plan o para imponerlo, que es lo menos probable.
Los mercados dicen “a gritos” que se impone arreglar con el Fondo lo antes posible, no más allá de marzo, porque las reservas no alcanzarían para pagar la cuota y caer en default sería el peor de los males.
Si la meta de estabilización se mantuviera en 10 años, como venía negociando Martín Guzmán antes que la campaña electoral lo desautorizara, lo que mirarán en Washington antes que nada es el déficit fiscal, que en cuatro o cinco años tendría que equilibrarse, lo cual requiere de bajar el gasto.
Plan de pagos para un tarifazo
“Nadie va a pedir tarifazos, sino esquema recuperación”, se escucha desde los cenáculos.
Sería un triunfo si liberasen tarifas que la inflación de 2022 fuese inferior a la de 2021, lo cual es mucho decir.
Poner al día hipotéticamente los precios regulados por el Estado, el presidente en Silver Cloud Advisors y consejero en la Bolsa de Comercio, Augusto Darguet, tuiteó que impactaría 5,8% en IPC, sin contar el traslado de una devaluación.
Hay que tener en cuenta que el mercado no quiere ni escuchar hablar de menos de 20% a 30% de devaluación para fines de 2021 y así empatar la inflación del 50% o más de este año.
Hay proyecciones estadísticas, tal como la que hizo Diego Giacomini, que el dólar blue debería estar en $286 para que el tipo de cambio real de diciembre 2021 fuera igual al de octubre 2020, pero en las 20 cuevas que le marcan el compás en la City piensan que en cuanto se haga la limpieza en el Correo tras el conteo inicial de votos, la cotización bajará de los $190.
En cuanto a las tarifas, el congelamiento de la nafta es el que más urge regularizar, según los entendidos, porque había subido hasta mayo alrededor de un 28% y el taxímetro de la inflación siguió corriendo.
Pero no sólo eso, sino que el precio internacional está en US$ 80 el barril y acá la versión “criolla” se cotiza a US$ 50.
Las tarifas de luz aumentaron un 9% este año y las de gas, un 6%, y se anunció que el año que viene se aplicarían incrementos diferenciados sin afectar a los más pobres.
El mercado descuenta que los porcentajes de recuperación y los plazos surgirán del plan económico que se acuerde con el FMI, ya que está en juego la disminución del subsidio al consumo del que se hace cargo el Tesoro, que representa 1 punto y medio del PBI.
Las compañías distribuidoras también pretenden meter bocado para aprovechar la mayor demanda que trajo la recuperación industria y que le compensen el atraso por el congelamiento.
Aducen que no pierden plata pero tampoco ganan, con lo cual ajustan con menor inversión, primero que nada en mantenimiento.
La cuenta que hacen en el sector es que de los 10.000 millones al año que devenga la energía, los consumidores pagan 3500: la diferencia la pone el fisco y por eso el Fondo exige bajarla.
En la boleta de los mercados no quedó claro qué tasa de crecimiento pretenden, aunque se conformarían con un modesto 1% o 2% el año que viene.