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De una fiesta de millonarios a un secuestro en Manhattan: el delirio cripto de dos aspirantes al poder

Conexiones políticas, mansiones en Kentucky, armas, fiestas con famosos y un secuestro. La historia de William Duplessie y John Woeltz sacude el mundo cripto.

Un jet privado despegó una noche de febrero desde Palm Beach con una tripulación digna de una película: herederos de medios, modelos, champán Dom Pérignon y caviar servido a bordo. El destino: Smithland, Kentucky, un pueblo de apenas 237 habitantes. Los anfitriones del retiro eran William Duplessie, un inversor en criptomonedas de 33 años, y John Woeltz, un experto en ciberseguridad de 37. Lo que parecía una excentricidad de millonarios se convertiría, meses después, en un caso judicial por secuestro, tortura y extorsión.

Duplessie y Woeltz, que se presentaban como agentes encubiertos con pasado en inteligencia estadounidense, organizaron un imperio de armas, drogas y negocios turbios que terminó con una denuncia penal por mantener cautivo y torturar a un comerciante de criptomonedas italiano en una mansión de Manhattan de US$ 75.000 al mes.

El ascenso de los criptohéroes

Ambos hombres surgieron de entornos opuestos. Duplessie, hijo de un gestor de fondos de cobertura de Connecticut, dejó la universidad para dedicarse a los negocios digitales. Pasó por Suiza y Luxemburgo dirigiendo un fondo cripto que recaudó millones, pero terminó envuelto en litigios y deudas impagas en Miami. En 2017 tuvo un corto romance con Caroline Biden, sobrina del presidente Joe Biden.

Woeltz, en cambio, creció en Kentucky, se formó en criptografía y participó en proyectos anónimos de monedas de privacidad como Grin Coin.

Juntos se propusieron "redibujar" el oeste de Kentucky. Compraron una mansión de seis habitaciones en Smithland, planearon invertir en represas hidroeléctricas, fundar un hotel de lujo y hasta lanzar una campaña política para que Duplessie compitiera por el escaño del senador Mitch McConnell en 2026. Durante la fiesta en Smithland, Duplessie se tatuó el sello del estado en el pecho y declaró su intención de "reconquistar tierras vendidas a China".

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Imágenes de la mansión de Smithland, Kentucky. Propiedad de los millonarios criptoboys. Fuente: WSJ.

Campaña electoral

Scott Hernández, de 37 años, conoció a Duplessie y Woeltz en el avión de fiesta a Smithland en febrero, donde consiguió grandes conexiones políticas.

Hernández trabajó durante varios años en el banco de inversión Barclays, donde colaboró con el exgobernador de Florida Jeb Bush, como dijeron dos personas familiarizadas con el asunto a Wall Street Journal. Su madre es una importante donante y recaudadora de fondos republicana que apoyó las campañas presidenciales de Bush, del senador texano Ted Cruz y del presidente Trump.

El padre de Hernández dirigía la empresa de medios de comunicación en español Telemundo antes de su adquisición por US$ 539 millones por parte de Sony y Tele-Communications en 1997.

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Scott Hernández en la casa de las fiestas en Smithland, propiedad de los criptoboys millonarios.

Luego del viaje a Smithland, Hernández se reunió con Duplessie y Woeltz para salir unas noches en Nueva York, donde vivía Hernández. Duplessie le contó a Hernández su idea de aspirar al escaño de McConnell en el Senado en las elecciones intermedias de 2026.

Por eso Hernández contactó a Betsy Ankney, estratega de campaña republicana que dirigió la candidatura presidencial de la exgobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, para 2024, quien aceptó reunirse con Duplessie por "la solidez de sus vínculos familiares", como menciona el Wall Street Journal.

Duplessie habló sobre los planes para lo que él llamó el Fondo Wildcat, que compraría terrenos y activos en dificultades a inversores chinos en Kentucky y otros estados del centro del país. Conocidos comentaron que Duplessie y Woeltz solían expresar hostilidad hacia China.

Sin embargo, la carrera política de Duplessie quedaría trunca antes de comenzar.

De la alta sociedad al sótano insonorizado

A las semanas de la fiesta, los anfitriones aterrizaban en Nueva York y gastaban como si el mundo fuera suyo: hoteles de cinco estrellas, clubes nocturnos, cenas de lujo y un alquiler escandaloso en Nolita. Entre sus contactos aparecían herederos del arte como Peter Brant Jr., políticos como el estratega de Nikki Haley y exbanqueros de Wall Street. Se codeaban con celebridades en la Gala del Met y contrataban personal de seguridad ligado al entorno del alcalde Eric Adams.

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El jet privado en el que los reyes de las criptomonedas viajaban a Kentucky. Duplessie sirviendo caviar. Fuente: WSJ.

Pero bajo esa superficie glamorosa, crecía la paranoia.

El secuestro y las acusaciones

En mayo, Michael Carturan, un joven italiano vinculado al ecosistema cripto, apareció descalzo, sangrando, pidiendo ayuda a un agente de tránsito en Nueva York. Denunció haber estado retenido por más de dos semanas en la casa de Duplessie y Woeltz. Aseguró que lo golpearon, le aplicaron descargas eléctricas, lo cortaron con una sierra eléctrica y lo amenazaron con matarlo si no entregaba sus claves de billeteras digitales.

Los fiscales encontraron evidencia que respalda su relato: sangre, armas, chalecos antibalas, crack, máquinas de escribir con manifiestos delirantes, fotos del supuesto cautivo con armas, e incluso un documento falso que lo acusaba de terrorismo bajo la Ley Patriota.

Los abogados defensores, por su parte, afirman que todo fue una broma, una especie de novatada con tintes excéntricos, parte de un estilo de vida hedonista y consentido.

Era una casa de fraternidad con fondos ilimitados. Era una casa de fraternidad con fondos ilimitados.

dijo uno de los letrados en una audiencia. Carturan, argumentan, salía a clubes y eventos y se integró voluntariamente.

Fin de la fiesta

Mientras tanto, el imperio improvisado de Duplessie y Woeltz se desmoronó. Los contactos políticos se alejaron, las deudas con proveedores crecieron y los escándalos se acumularon. Una investigación federal allanó sus propiedades en Kentucky, donde hallaron supuestos planes para usar “guerra psicológica” y confiscar criptomonedas a extranjeros bajo una retórica de lucha contra el terrorismo.

Ambos fueron detenidos, acusados de secuestro, coacción y asalto. Duplessie sigue preso, y su candidatura al Senado nunca se lanzó. Woeltz fue liberado bajo fianza y monitoreo electrónico. Ambos enfrentan cargos que podrían significar cadena perpetua.

Lo que comenzó como una fiesta cripto entre copas de champán terminó de la peor manera: del sueño de grandeza de criptoboy a vivir en una prisión común y sin la impunidad esperada.

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