Pero sus palabras contradicen la posición pública de la Casa Blanca. Tanto el presidente Donald Trump como su asesor principal de políticas, Stephen Miller, han estado elaborando medidas para restringir, incluso, la inmigración legal, alegando que va en detrimento de los empleos y salarios de los trabajadores estadounidenses, que asumen como la base del electorado de Trump.
En cuanto a la inmigración irregular la postura es más generalizada dentro del Partido Republicano -e incluso entre muchos demócratas-, y levantar un muro que impida el paso a quienes buscan llegar a USA se ha convertido en un símbolo de la actual administración.
Sin embargo, la realidad es que parecen ser necesarios más recursos humanos.
“Nos estamos quedando sin gente para alimentar el crecimiento económico de nuestro país de los últimos cuatro años”, reconoció el funcionario, de acuerdo a la grabación de su discurso divulgada por The Washington Post.
A pesar de la necesidad de mano de obra, la concesión de permisos para trabajar, estudiar o hacer negocios en Estados Unidos se han reducido drásticamente desde su llegada a la Casa Blanca, como muestran los datos publicados por el Departamento de Estado.
En el caso de los visados de inmigrantes para trabajar –cuya concesión exige contar con un patrocinador en USA, privado o público– la caída ha sido del 25,3% entre el 2016 y el 2019 (de 617.752 a 461.600 al año). En cuanto a los visados de no inmigrante –los que se conceden a estudiantes, periodistas, inversores o temporeros– la reducción ha sido del 15,8% (de 10,3 millones en el 2016 a 8,7 millones).
Grandes empresas como Apple, American Airlines, IBM, Pepsi o JP Morgan Chase se han quejado a la Casa Blanca de los efectos de esta política migratoria: desestabiliza a sus recursos humanos importados y desincentiva la llegada de nuevo talento.
También el sector agrícola tiene problemas. La llegada de temporeros por vías legales se ha reducido y la presión en la frontera ha hecho más difícil conseguir trabajadores irregulares, de los que es sabido que el campo estadounidense depende fuertemente.
La teoría de los especialistas en inmigración de la administración Trump es que la llegada constante de trabajadores, sea por la vía que sea, hunde los salarios de los obreros del cinturón del óxido de USA, los estados que le dieron la victoria electoral en 2016.
Es el argumentos que utilizó con éxito Steve Bannon en aquella campaña y que Miller abandera ahora en la Casa Blanca para defender sus posiciones antiinmigración.
Pero no es lo que dijo Mulvaney, quien expresó su admiración por los modelos aplicados por Canadá y Australia para atraer trabajadores de forma legal y selectiva. La posición defendida por el jefe de gabinete de la Casa Blanca, excongresista, no es muy diferente a la política clásica de los republicanos, hecha añicos por el actual Presidente.