Desde que llegó Gorosito, Tigre sacó 17 de los 21 puntos que disputó, gracias a cinco triunfos. Pipo puso como abanderado a Walter Montillo, que se convirtió en un estandarte de la recuperación del Matador de Victoria.
Antes de que llegara Gorosito, Tigre había disputado 18 partidos y logrado 19 puntos (35 por ciento de efectividad). La crisis futbolística hacía ver a la salvación como un milagro ya que San Martín de San Juan estaba a 18 puntos, Patronato a 11 y Belgrano a 15 unidades.
Tras la gran campaña que realizó en Tigre pese al descenso, Pipo Gorosito sonaba como uno de los posibles candidatos a dirigir a San Lorenzo aunque él mismo se encargó de aclarar que nadie le hizo una oferta formal. Pero más allá de su deseo de volver al Ciclón, ya se había comprometido con los dirigentes del Matador a continuar si se quedaba para pelear el ascenso con la base del plantel que ganó esta Copa de la Superliga. Y finalmente sucedió algo que ya no es muy común en la actualidad, Gorosito cumplió su palabra.
Sin embargo, Tigre estuvo a punto de no acceder a la próxima Libertadores debido a que la CONMEBOL no iba a permitir que, en caso de que el Matador ganará este certamen, juegue este certamen continental del año que viene pero hubo marcha atrás en esta decisión.
“Me parece que fue lo más lógico porque fue algo que logramos desde la parte deportiva”, comentó en ese momento el DT sobre este tema, antes del partido de vuelta contra Atlético Tucumán.
Ahora, con Tigre campeón, Gorosito vive uno de sus mejores momentos como entrenador. Casi en familia, se encontró con el “Marciano” Ortiz y a Lucas Menossi (a quienes hizo debutar), a Lucas Janson (a quien impulsó), a Montillo (que descolló en San Lorenzo con su gestión), a Martín Galmarini (que ya lo había tenido en Tigre en la etapa anterior), a Ignacio Canuto (a quien lo había dirigido en Argentinos), a Gonzalo Marinelli (a quien lo hizo atajar en River).
Es en este Tigre, que descendió como club pero no por su último equipo, de muy buena campaña en la última Superliga, en el que Pipo Gorosito se animó a jugar hasta con doble enganche (Montillo y Diego “Cachete” Morales) cuando pocos los usan, porque siempre creyó en ellos. En 2003, en su primera experiencia, en Nueva Chicago, ya utilizaba a Ezequiel Amaya en esa función.
No obstante, la remontada no llegó a tiempo y ni un triunfo en el Monumental pudo evitar el descenso de Tigre. Hoy, Gorosito festeja su primer título grande como DT, el presente le sonríe y sueña con el retorno a Primera División con un plantel que derrocha solidez y poderío ofensivo. Festeja el Matador y sueña, sueña con volver a hacer Grande. Tigre campeón de la Copa Superliga, justo y merecidísimo.