Según varios testimonios, Di Zeo y compañía se presentaron ante el plantel diez días atrás después de un entrenamiento del equipo de Gustavo Alfaro, contaron sobre la actividad programada y solicitaron la presencia de tres futbolistas en el evento. “No hubo amenazas ni apretadas, sólo una invitación a sumarse. Y, apenas se hizo la propuesta, Bebelo, Mauro y Buffa levantaron sus manos para ofrecerse a ir”, según un testimonio que reprodujo Gustavo Grabia en Infobae.
Todos repararon en que la fecha elegida era el día posterior al primer Superclásico de la serie de tres que habrá en un mes. Para eso, hubo dos explicaciones. Una, la garantía de que una derrota en el Monumental no traería aparejada ninguna consecuencia: los barras se habían comprometido a evitar cargadas de hinchas de River que estuvieran alojados allí. La otra era más específica: en caso de triunfo, se trataba de llevarles a Aravena y sus muchachos una “alegría”. En el mundo carcelario no pasa inadvertido el poder que un interno tiene si logra generar semejante movida. Y Aravena, actualmente detenido por organizar presuntamente a los barras que extorsionaban a comerciantes y clientes en La Salada, no es un iniciado en estas lides: desde mediados de los 90 y hasta bien entrada la década anterior purgó una condena a 20 años de prisión por el crimen de los hinchas de River, Walter Vallejos y Ángel Delgado, producida el 30 de abril de 1994, tras el partido en La Bombonera que ganó el Millonario por 2 a 0. Aquel sangriento episodio marcó el final de la barra del Abuelo, el famoso José Barritta, también condenado, según Infobae.
Por todo esto, Gustavo Ferrari, ministro de Justicia de la Provincia, inició un sumario interno “para investigar qué fue lo que sucedió, porque una cosa es una actividad lúdica para 350 internos y otra que esté allí al mismo tiempo la barra de Boca”.