Cuando los 22 jugadores saltaron al campo de juego se pudo apreciar un mosaico gigante que ocupaba la totalidad de la grada. La mitad reflejaba los colores del club y la otra mitad los de Cataluña: rojo y amarillo. Además, varios aficionados llevaron pancartas con el lema escrito en inglés “España siéntate y habla”, mientras los aficionados entonaban el himno del Barcelona. También se vieron banderas gigantes que decían, también en inglés, la palabra “Libertad”.
En el minuto 55 el partido se vio interrumpido por una nueva ola de protestas. En este caso fueron pelotas amarillas los que fueron arrojados al campo de juego en forma de protesta contra la represión llevada adelantar por la policía en diferentes manifestaciones independentistas. La transmisión oficial cambió la cámara para evitar mostrar el reclamo.
Fueron dos minutos sin acción en el terreno de juego, tiempo que necesitaron los asistentes de seguridad para retirar los balones. Además, en las gradas, los aficionados volvieron a levantar sus pancartas.
El clásico de este miércoles ya venía de una suspensión. El partido se disputó 53 días después de la fecha original debido a la fuerte tensión política que también se vivía a fines de octubre.
En su momento, la postergación respondió a las masivas protestas que se registraron en la ciudad y en toda la región catalana, en respuesta a la sentencia de la justicia española de condenar a 13 años de cárcel a los líderes del movimiento independentista catalán.