La gran batalla de la final iba a disputarse en la zona ancha, donde Pep concentró una legión de peloteros. Con Phil Foden junto a Kevin De Bruyne como hombres más adelantados, pero con gran libertad, Oleksandr Volodymyrovych Zinchenk sumado a Bernardo Silva como interior y İlkay Gündoğan recuperando el rol de ancla. Y a tocar, tocar y tocar en busca del gol. Si el plan del City estaba claro, no tenían menos aprendida la lección los de Tuchel. Las líneas muy juntas, presión alta y agresividad por bandera para hincar el diente en velocidad.
Fue una batalla tratar de explicar la formación del City, especialmente cuando Zinchenko pasó del lateral izquierdo al centro del campo. Pero durante largos períodos de la primera mitad, Phil Foden rodeó a Kevin De Bruyne al frente, con Riyad Mahrez y Raheem Sterling abriendo las líneas, Bernardo Silva subiendo y bajando a la derecha de Ilkay Gündogan, el mediocampista más profundo.
Fue rápido, furioso y abierto, con Chelsea encontrando huecos desde el principio como Tuchel esperaba que hicieran, y creando grandes oportunidades.