Las pruebas toxicológicas indican que el delantero del Cardiff estuvo expuesto a una cantidad tan elevada del gas que éste le podría haber provocado un ataque al corazón o haberle dejado inconsciente antes del impacto contra el agua.
El piloto de la avioneta, David Ibbotson, pudo haber sufrido la misma exposición, según los investigadores, si bien su cuerpo no se ha llegado a recuperar, por lo que no se le han podido efectuar exámenes.
Sala, de 28 años, fue encontrado sin vida junto con los restos del avión, sumergido a 67 metros bajo el nivel del mar al norte de la isla de Guernsey, entre Francia e Inglaterra.
El avión Piper PA-46 Malibu perdió contacto con la torre de control durante la noche (hora del Reino Unido) del lunes 21 de enero luego de salir desde Nantes, Francia, con destino a Cardiff, Gales.
Financiado por el aporte privado recibido por la familia de Emiliano Sala para proseguir la búsqueda del futbolista desaparecido, el equipo de Mearns desplegó un pequeño barco de 19 metros en una zona del Canal de la Mancha, cercana a la isla de Guernsey.
Los investigadores, ayudados por un radar, encontraron los restos del aparato, que posteriormente fue filmado por robots submarinos enviados desde un barco de mayor tamaño enviado por las autoridades británicas para participar en las labores de búsqueda.
Nueve días después de la desaparición del avión aparecieron restos de la aeronave en una playa francesa, lo que permitió acotar la zona de búsqueda y llevó a las autoridades británicas a enviar un barco al lugar, que colaboró con el equipo privado.
Emiliano Sala, que nunca jugó profesionalmente en Argentina, realizó toda su carrera en el fútbol de Francia y había sido adquirido por el Cardiff FC, de la Primier League inglesa, en 18 millones de euros con contrato hasta 2022.
La muerte de Sala generó una gran congoja en el fútbol mundial y fue recordado este fin de semana con un minuto de silencio en ligas importantes como Inglaterra y Argentina.