Newell's quedó a la puerta de algo grande. Martino siempre aclara que sólo se recuerdan a los que ganan y aunque sea cierto en la cultura del fútbol, el Tata ya consiguió mucho más que eso: que un equipo ilusione a sus hinchas en serio, que lo emocione por la propuesta de su fútbol y porque muchos de los que la llevan a cabo volvieron de mejores sitios de vida para sumarse a una causa que, en el momento, no pintaba color de rosas como ahora sino todo lo contrario.
El cansancio asomó en los duelos coperos ante Boca. Pero Newell's ya parece haber pagado el precio físico de tanta carga de competencia importante. Clasificado a semifinales, ahora se le abre un panorama inmejorable, jugando una vez por semana hasta el final. Y con un soporte anímico que cualquier equipo quisiera para este tipo de circunstancias.
Ahí va Newell's a Floresta, una cancha siempre difícil, de dimensiones más bien reducidas. Muy, muy lejos de aquel principio de temporada donde arrancaba último en el promedio con Independiente. Y se sabe dónde está hoy el Rojo. Hay ilusión porque, más allá de resultados, se confía en los intérpretes que parecen capaces de transformarla en realidad.