"Cantero no tuvo tiempo para llamar a Enzo Trossero, con 11 años en Independiente y 9 títulos, pero sí para hablar con otras personas. Aunque me llame ahora, no hay forma de que revierta mi decisión", se quejaba el defensor de mil batallas y múltiple campeón rojo como jugador.
Avanzada la tarde, en su única aparición pública, Cantero hacía saber que se reservaba una réplica para él: "Me sorprendió lo de Trossero. Le voy a responder en junio".
También perdió Quilmes, una buena señal a pesar de que todavía sigue arriba en los Promedios. Belgrano lo goleó 3-0 en Córdoba y algunos se pueden atrever a soñar. Como dice el dicho, la esperanza es lo último que se pierde.
El DT había integrado en el transcurso del lunes la gruesa lista de entrenadores que no dudaron en declinar el ofrecimiento de los dirigentes para ocupar el lugar de Américo Gallego. Un equipo grande en esta situación siempre es considerado un fierro caliente que pocos pueden soportar.
“En este momento estoy en otra etapa de mi vida y también con posibilidades de dirigir en el exterior. Hay que estar al 1.000 por ciento para dirigir a Independiente en estos momentos y yo no estoy en esas condiciones”, afirmó Brindisi en declaraciones radiales efectuadas en horas de la tarde.
Sin embargo, en el final del día el propio presidente Javier Cantero se aventuró en la tarea de convencerlo, y Brindisi no pudo volver a negarse. Un llamado de Julio Grondona y la buena convivencia que augura con Gabriel Milito, a quien Cantero ya confirmó en una función parecida a la de manager, lo convencieron.
La idea es que firme un contrato por dos años, para no supeditar su continuidad al éxito de su cruzada por la permanencia. Brindisi, de 62 años, dirigió por última vez en 2011, cuando estuvo a cargo del plantel superior de Huracán. Y ahora vuelve a Independiente, para intentar el milagro de mantenerlo en Primera División.