En cambio, el Bayern Munich (actual subcampeón europeo, que se clasificó ayer semifinalista al vencer 2-0 a la Juventus en Torino, foto) y el Borussia Dortmund son emergentes de una Bundesliga en la que se reparten el dinero con un criterio más ponderado.
Así, mientras en España el Barça o el Madrid pueden cobrar hasta 10 veces más que el último clasificado de la Liga (en una proporción que va de los 150 a los 15 millones de euros), en Alemania el 40% del dinero se reparte equitativamente entre los 20 clubes; sólo para el resto del reparto se tienen en cuenta la historia del club, su estado actual, su pasado reciente, su último éxito y hasta si le convocan jugadores al seleccionado.
No les va nada mal con ese sistema: la Bundesliga es la segunda liga deportiva profesional con más asistencia en el mundo, según cifras de Sportsintelligence.com, con 45 mil personas promedio por partido (datos de la temporada 2011-2012), sólo superada por la National Football League (NFL) de fútbol americano de Estados Unidos, con 67 mil espectadores.
No es difícil inferir que a la concurrencia la sostiene, en gran medida, la paridad de fuerzas, aunque el Bayern Munich ya haya salido campeón, este último fin de semana, sacándole 20 puntos de ventaja al Dortmund.
Se dirá que el Málaga bien pudo arruinar el panorama, si se clasificaba en lugar del Dortmund, como estuvo a punto de hacerlo. El otro club español en cuestión es propiedad del jeque qatarí Abdullah ben Nasser Al Thani, que le inyectó capital con una prepotencia deportiva tal que llevó al Comité de Control Financiero de Clubes de la UEFA a multarlo, una decisión recurrida ante el TAS en Suiza; ni Al Thani ni su compatriota Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG (propiedad del grupo inversor Qatar Investment Authority), pudieron celebrar el pase de sus equipos a las semifinales.
En Alemania, al menos el 51% de las acciones deben permanecer en manos del club, de manera que jamás un magnate caprichoso o un grupo inversor pueda ser propietario de la entidad.