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Los integrantes del conjunto venezolano prácticamente no tocaron la pelota y es probable que hayan terminado bastante contracturados de tanto ver cómo pasaba el esférico de un jugador a otro. Poca reacción, escases de ideas en los pocos momentos de posesión y desorden defensivo fueron los tres rasgos más sobresalientes en el equipo de Lenin Bastidas.
En cambio, el equipo local fue una maquinaria con mínimo margen de error. Scocco demostró, una vez más, que no sólo es un bombardero y que con el mismo pie que rompe arcos es capaz de realizar pases exquisitos.
Sumado a esto, Martín Tonso jugó, probablemente, el mejor partido desde que está en Newell's: estuvo intratable por las bandas y contribuyó en la presión bien arriba, algo fundamental en el planteo de Martino. La mejor pelota para atacar es la que se recupera en campo rival y tanto el técnico como los jugadores lo tienen claro.
La supremacía local fue tal que al partido le sobró un tiempo y, de no haber sido por fallas en definición o en el último pase, Newell's podría haberlo liquidado antes de la media hora de juego. El gol de Pérez influyó en el desarrollo del encuentro, pero el equipo venezolano demostró no tener la calidad necesaria como para salir a buscar un partido con el resultado adverso y con la necesidad imperiosa de quedarse con los tres puntos. Se quedó en el medio el cuadro de Barquisimeto, y en ese hueco generado, el equipo rosarino se hizo grande y manejó el partido como quiso.
Cuando el visitante descontó, Martino comenzó a lamentarse con mayor énfasis por las situaciones desperdiciadas pero nuevamente apareció el mejor de la cancha para rematarlo. Scocco hizo una hermosa jugada dejando rivales desparramados por doquier para delirio del Coloso del Parque Independencia, que sueña despierto con los octavos de final, porque es líder del grupo hasta que juegue Olimpia y si el conjunto paraguayo gana, la clasificación será casi un hecho.