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Antes de eso, había sido todo de Independiente que juega contras sus nervios y urgencias. Montengero erró un penal, Caicedo falló goles cantados y así todo es más difícil. El equipo de Gallego es un cúmulo de nervios que arranca bien y que después tiene muchos problemas cuando recibe la primera mano al mentón.
Diga que este Boca es muy pobre y rácano y por eso pudo buscar el empate (muy merecido por cierto) con relativa tranquilidad sin pasar por sobresaltos que hubieran congelado su frágil corazón.
El comienzo tuvo emociones de los dos lados: a los 2 ' Caicedo casi abre el marcador para Independiente y a los 4' Saúl Laverni anuló el gol que Santiago Silva marcaba de cabeza, por una posición adelantada, bien sancionada por el asistente.
Cuando apenas iban 12', una infracción de Claudio Pérez deribó en penal para el 'Rojo', que ejecutó Daniel Montenegro y atajó Agustín Orión. Cuatro minutos más tarde, Boca se quedó con 10 hombres, por la expulsión de Cristian Cellay, tras falta a Luciano Leguizamón cuando se iba cara a cara con arquero.
Las emociones no cesaron. Con un ritmo intenso, Independiente buscaba más, mientras Boca no conseguía la pelota. Bianchi rearmó la defensa pasando a Albín al lateral derecho y haciendo bajar a Juan Sánchez Miño al izquierdo. Hasta que a los 38' Silva marcó el 1-0 para Boca, con un cabezazo tras centro de Sánchez Miño.
El segundo tiempo comenzó con dos minutos de demora y el árbitro echó a Bianchi, como marca el reglamento. La tónica fue similar a la de la primera mitad: Independiente yendo sobre el arco de Orión.
Mancuello, Montenegro y Miranda acercaron peligro hasta que a los 63' Orión le tapó un mano a mano a Farías pero Morel Rodríguez clavó la igualdad con un zurdazo que reventó la pelota que quedó picando en el área 'xeneize'. Fue el primer gol del paraguayo con la camiseta del 'Rojo'.
Igualados en el marcador, pero con diferencia numérica de hombres en la cancha, Independiente transformó al partido en una mano única, con todas las acciones dirigidas hacia el arco de Orión. El arquero y Sánchez Miño contuvieron todo lo que pudieron.
Caicedo y Benítez, que entró por Leguizamón, siguieron con el monólogo local y agrandaron la figura del arquero boquense, que una y otra vez le tapó el que hubiera sido un merecido triunfo.