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El trámite del juego fue de similar desarrollo en el Morumbí la semana pasada. De un ida y vuelta incesante, con dos equipos de buen rendimiento ofensivo pero preocupantes en su faceta defensiva. Sin duelos en el mediocampo, con beneficios indescriptibles para los delanteros rivales.
Así, dependiendo pura y exclusivamente del poder de fuego propio y de los errores ajenos, Arsenal y Sao Paulo protagonizaron una de las series más atractivas de la actual Copa Libertadores. Primero fue empate en Brasil y a la postre un triunfo histórico de Arsenal en su casa.
Sarandí es pura ilusión. Después de rendirse ante la altura de La Paz y ser humillado en casa frente al Atletico Mineiro de Ronaldinho y Bernard, hizo pata ancha en Sao Paulo y construyó un triunfazo épico en su propia casa frente a un gigante sudamericano.
Con dos golazos, destronó al reinante campeón de la Copa Sudamericana, le robó cuatro puntos en dos cruces, escaló hasta la segunda posición del grupo y sueña con pelear hasta el final por el segundo boleto rumbo a octavos de final.
Jorge Ortiz primero y Diego Braghieri después, fulminaron a Rogerio Ceni con sendos fierrazos inatajables. Aloisio fue el único que pudo vencer, tras intentar por duplicado, a Cristian Campestrini.
El arquero local fue la figura excluyente del partido porque ahogó todos los demás intentos, realmente exigentes, de la demoledora ofensiva visitante liderada por el talentoso y gambeteador Osvaldo. En sus manos se cimentó un triunfo memorable, una victoria trascendental para un Arsenal que se anima a soñar y depende de sí mismo para definir su futuro.