El peor Barcelona de los últimos tiempos perdió sin crear ni una sola ocasión. El Barcelona se olvidó de lo más importante y el disciplinadísimo equipo de Ancelotti dejó bien claro que para ganar un partido hay que tirar al arco. No lo hizo el Barcelona, que cayó 2-0 y se complicó demasiado una eliminatoria que rompió todos los pronósticos.
Kevin Prince Boateng y Muntari marcaron los goles que dejan al Barcelona contra las cuerdas. El Barça jugó en San Siro sin escopeta. En el fútbol existen los arcos para algo y los catalanes los despreciaron esta vez. En realidad no pudieron porque el equipo italiano hizo lo suyo.
Barcelona no metió miedo hasta los últimos minutos con remates desviados de Iniesta, Xavi y Puyol. De todos modos, Abbiati pudo salir sin guantes.
En el minuto 56 Zapata tocó la pelota con la mano, pero el que echó la mano al cuello azulgrana fue Craig Thompson. El árbitro no pitó unas manos escandalosas de Zapata y Boateng, que estuvo en todas y en todos los sitios, batió a Valdés. En el 80' lo mismo hizo Muntari, finalizando de volea una gran jugada milanista a la contra.
El guión estaba escrito. Este Milan, el menos brillante de las tres últimas decadas, tuvo muy claro lo que tenía que hacer. Esperó al Barcelona y sólo se preocupó de lo dijo que su enemigo, que se empeñó en jugar sin porterías. El balón casi siempre lo tuvo el Barcelona, pero Abbiati se fue al descanso sin sudar. Pudo haber salido al maltrecho césped de San Siro sin guantes.
La falta de talento aumenta el nivel de disciplina y eso le ha pasado al Milan. Cada rossonero pensó en el compañero y nunca separaron sus manos. Habían salido juntos y se marcharon juntos. Barcelona no fue capaz de encontrar un hueco o pequeño resquicio en el que voltear la eliminatoria.
El equipo catalán se marchó al descanso sin crear una ocasión digna. No tuvo oportunidad ni nada que se le pareciese y la mejor, o la única si decimos la verdad, la tuvo el Milan en un córner ensayada. El remate de Boateng se marchó desviado. El ghanés jugó de todo. Fue el que lanzó unas contras no aprovechadas por El Shaarawy, que tuvo una noche de perros con la pelota en los pies.
Pasó lo que quiso el Milan, que hizo un trabajo defensivo extraordinario. El Barcelona se estrelló contra ese muro bien colocado. Morirá con la idea de ser el más cariñoso de todos y no parar de abrazar la pelota, pero en esos primeros cuarenta y cinco minutos no tramó otro plan.
Tampoco lo hizo en la segunda mitad después de los goles. No se recuerda un peor Barcelona. Ahora tiene un problemón en el Camp Nou, un problema de campeonato.