El central recibió la primera tarjeta amarilla, la quinta, que ya le imposibilitaba aparecer ante la Academia el próximo fin de semana. Y un par de minutos después, salió a cortar -muy- lejos a Fernando Gago, cometió una falta, y a las duchas. Unos minutos antes, el palo había frustrado el grito de gol tras un bombazo de Osmar Ferreyra.
La misión parecía más difícil que nunca. A partir de allí Vélez se plantó más adelante e impuso condiciones. Pero llegó lo inesperado. Al filo de la chicharra, el uruguayo Sosa le tapó el gol a Ernesto Farías.
Y en el rebote, Cristian Tula, como si se tratara de un experto en estos menesteres, aprovechó el rebote y sacó una mediavuelta increíble, imposible para el arquero del local. La pelota hizo una parábola perfecta y entró ahí, al lado del palo.
El segundo tiempo fue un monólogo de Vélez. Los locales capitalizaron la posesión de la pelota, pero nunca encontraron la forma de superar la defensa de Independiente. El Rojo asumió su rol en el partido, se agrupó cerca de su arco, y procuró que el campeón genere el mínimo riesgo posible. Y lo logró a medias.
Las contadas veces que los delanteros locales pudieron rematar, Diego Rodríguez respondió de gran forma. Y la única que el arquero quedó pagando, fue desactivada por Federico Mancuello. El pibe Rescaldani gambeteó al arquero y quedó de cara al gol, con el arco a disposición. Pero apareció el 23 para trabar justo lo que era el empate cantado.
Vélez estuvo lejos de su mejor versión, aquella que la llevó a consagrarse en el último torneo. Careció de peso ofensivo, y nunca pudo descifrar el enigma defensivo planteado por Independiente. Tendrá revancha rápida el Fortín, el próximo miércoles, cuando reciba al Deportes Iquique por la Copa Libertadores.
Para Independiente, el futuro le presenta la oportunidad de tomarse revancha de Racing, que se impuso en el último clásico de Avellaneda.