Burruchaga tiene la ambición de impedir que Atlético Rafaela regrese al Nacional B. O sea que la gente de SanCor, la cooperativa láctea que patrocina al equipo santafecino, le ha encomendado lo mismo que la familia Grondona en su momento: consolidarlo en la 1ra. A.
Para el campeonato que comenzó, Burruchaga se fijó un objetivo: ganar todos los partidos que juegue como local. Rafaela tiene que ser un lugar que teman sus rivales. Y con Racing Club de Avellaneda le salió bien.
Es cierto que mucho colaboró el equipo visitante, que cometió un gravísimo error de interpretación futbolística. Tener el control del balón no indica nada. No es actitud ofensiva y si el rival logra interceptar la pelota y salir en ataque, pueden ocurrir sorpresas desagradables.
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Atlético de Rafaela 1 - Racing de Avellaneda 0
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Atlético de Rafaela 2 - Racing de Avellaneda 0
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Atlético de Rafaela 3 - Racing de Avellaneda 0
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Racing intentó tener el balón pero no supo qué hacer y terminó perdiéndola. No hubo jugadas colectivas de riesgo que lograra generar el equipo de Avellaneda. Hasta el 1-0 la única jugada más o menos peligrosa de Racing fue un disparo de media distancia de su delantero Sand, apabullado por la falta de compañía para llegar hasta el arco rival.
De todos modos, lo más grave no fue eso sino la endebles defensiva de Racing. Fueron 3 a 0 pero pudieron ser 4 o 5. Atlética Rafaela terminó perdonándole la vida a los de la Academia, que a este paso más bien terminarán aplazados.
El 1 a 0 fue un penal que convirtió Lucas Bovaglio, a los 28 minutos, luego de una falta en el área de Iván Pillud sobre Jonathan López.
El 2 a 0 fue un penal de Zuculini, también a López. Burruchaga, por cábala o por estrategia, ordenó cambiar el ejecutor del penal, y convirtió Sebastián Grazzini.
Así terminó el 1er. tiempo.
¿Qué instrucciones dio Zubeldía a sus dirigidos durante el entretiempo?
Difícil saberlo pero a los 49, apenas comenzado el 2do. tiempo, Jonathan López puso el 3 a 0, y partido terminado.
Recién entonces Zubeldía 'movió' el banco y puso en el campo de juego a Mario Bolatti. Pero no había nada para hacer, excepto impedir una goleada más abultada.