La polvareda de la acción podría haber desembocado en un penal, pero el único saldo que dejó fue, en principio, el fuerte traumatismo en el tobillo derecho que obligó al goleador del Inicial a dejarle su lugar a Jonathan Copete.
En el segundo tiempo, Argentinos salió decidido a ir por el empate, y casi que monopolizó el dominio del balón y acorraló a un Vélez que otra vez mostró su faceta más desconocida: se refugió cerca de su arco y no pudo hacerse de la pelota en ningún pasaje de ese complemento.
Sin embargo, pese al dominio, al local le costó y mucho inquietar a Sosa, aunque el arquero uruguayo tuvo bastante trabajo. Primero fue el ecuatoriano Anangonó (el más inquietante de los locales), el que probó con un zurdazo cruzado que se fue rozando el palo.
Más tarde, Marcos Figueroa se escapó por derecha y sacó un remate que tapó Sosa y, en el rebote, no pudo conectar el ingresado Sebastián Barrera. Vélez no hacia pie y se mostraba muy incómodo con el juego, por lo que el Bicho comenzó a merecer el empate.
Pero los minutos pasaban y Argentinos dejaba pasar sus oportunidades. Bella tuvo la chance de liquidar el encuentro con un remate de aire que se fue cerca, pero los de Liniers tampoco lastimaban de contra y el partido tenía un final más abierto que nunca.
Vélez siguió aguantando, casi padeciendo el partido y tampoco pudo golpear de contra porque Jonathan Cópete, el reemplazo de Ferreyra, se mostró muy desconexo y jamás logró inquietar a la defensa del local.
Pero la ineficacia de Argentinos terminó beneficiando al último campeón, que con poco tuvo un bautismo feliz y terminó celebrando un triunfo muy valioso en lo anímico y también con el aliciente de que se logró sin jugar bien. Pese a todo, Vélez está presente, una vez más aunque esta vez ganó sin mecerlo.