Las acciones en Mendoza se iniciaron como la continuación de las de Mar del Plata. Antes del minuto de juego River puso a Funes Mori en posición de tiro (bastante sesgado) y el equipo de Ramón estuvo cerca de abrir el marcador con una jugada veloz y precisa.
Mauro Díaz la inició en la mitad del campo, Ponzio la profundizó de primera con precisión y el delantero metió el zurdazo que se fue pegado al palo izquierdo de Ustari.
Pero a partir de esa jugada, todo se hizo equilibrado a pesar de ser River otra vez el que tuvo las pocas chances que dejó la etapa para marcar. A la de Funes Mori habrá que sumar el cabezazo franco de Mora a los 38', al que el uruguayo no pudo darle buena dirección tras un centro del apagado Vangioni.
River no estuvo a la par de aquel partido porque no pudo imponerse en los costados de la cancha, como sí lo había logrado en Mar del Plata. Carlos Bianchi tomó nota y cerró los flancos con los chicos Aguirre (por derecha) y Colazzo (izquierda).
Acomodado esto, Boca pudo equilibrar el juego aunque como en Mar del Plata estuvo lejos de generar buen juego. Le cuesta mucho a Boca armar jugadas juegue con un enganche o sin él. Bianchi solucionó un aspecto respecto del primero choque pero le faltó otro. La ofensiva.
Sucede que Bianchi es muy conservador desde la idea y ata bastante a los obedientes jugadores. Seguramente que con un jugador como Martínez podrá darle algo de vuelo e inventiva al ataque de un Boca que apuesta mucho a mantener el orden y a las defensas sin grietas. Y pensar que a Falcioni la gente de Boca le pidió la cabeza porque Boca no arriesgaba para buscar los resultados.
Lo cierto es que la primera parte fue pareja, muy disputada y sin espacios ni tiempos para pensar. Dio la impresión que River, a pesar de no imponerse, contaba con piezas para generar más juego que Boca.
Partiendo de la base que jugó con enganche (Mauro Díaz) y que los laterales volantes tienen mucha vocación de ataque. Nos referimos a Vangioni y Carlos Sánchez.
Del lado de Boca, los delanteros quedaron muy solitarios y casi nunca recibieron apoyo de los mediocampistas y menos de los laterales. Dio la impresión que éstos tuvieron prohibido atacar.
Asi le va a costar mucho a Boca quebrar defensas de no ser por la repentización de futbolistas con talento. Parece que Bianchi en esta larga siesta no encontró formas de atacar con jugadas armadas o urdidas en el pizarrón.
Esto es más de lo mismo y un entrenador con semejante caché debería aportarle novedades al fútbol argentino. Ya todos lo conocen y saben como piensa jugar. Debería tener algo más elaborado, sabiendo de que es una persona informada y que tanto ha opinado desde los medios como comentarista.
En fin, no nos perdamos en estos temas que podrán ser tema de debates más adelante cuando la competencia entre en un curso en el cual se pueda juzgar más a fondo. Ahora no podemos profundizar tanto, aunque hay cosas que ya se pueden orejear.
El segundo tiempo fue para olvidar. El cansancio empezó a hacer mella en los jugadores aunque siempre fue River el que intentó más. La idea del equipo de Ramón fue siempre buscar el resultado y quedó en deuda. Lo de Boca, muy conservador de nuevo.
Sólo tuvo una chance aislado con un tiro de Erbes que fue despejado en la línea por Vangioni y después nunca más se arrimó con posibilidades al arco de Barovero.
Como dijimos River lo buscó más porque dispuso de jugadores en el campo para poder intentarlo, al menos. No lo logró. Cierto. Pero la características de los jugadores dispuestos en cancha dieron indicios de que el entrenador de River al menos pensó en ganar el partido.
Boca acertó de nuevo en una definición de penales y se quedó con la Copa en Mendoza. Anécdota. Lo concreto es que los dos deben acelerar el proceso de la puesta a punto porque la competencia está a la vuelta de la esquina.
Por lo menos, entregaron atisbos. Y dio la impresión que por lo visto River pretende ser algo más osado que esta nueva versión 'Deja Vu' del Boca de Bianchi.