A pesar de haber acomodado con creces este tema y de haber logrado un título local de manera invicta y la Copa Argentina, el DT nunca se metió en el corazón del pueblo 'xeneize'.
Inició su gestión exhibiendo sus claras diferencias con Juan Román Riquelme, un ídolo del club. Después de aquel Clausura 2011 recibió una tan llamativa como abrumadora silbatina la noche que Martín Palermo se despidió de la Bombonera.
Ni siquiera el campeonato invicto ni la final copera cambiaron los ánimos, y los constantes murmullos e internas lo debilitaron. El punto máximo de esa mala relación con el plantel quedó evidenciado en Venezuela, en el debut en la Libertadores, cuando amagó con renunciar tras una discusión en el vestuario.
Tras un pobre 1 a 1 frente a San Martín de San Juan, el público dio otra vez su veredicto y lo despidió con otra silbatina, con insultos, escupitajos y papeles, además de un ensordecedor canto “de guerra”: “Riqueeeelme, Riqueeeelme”.
Para resumir, después de dos años y medio de problemas futbolísticos (desde enero de 2009 a junio de 2011) que lo complicó con el descenso, el equipo xeneize sumó, bajo la dirección técnica de Julio César Falcioni, 121 puntos (66 partidos jugados, 33 ganados, 22 empatados y 11 perdidos), cosechó el 61% de las unidades en juego en torneos locales, lo que le permite ubicarse como un cómodo segundo en la tabla de promedios.
Sin embargo, a 3 meses del final de su contrato y hasta con críticas públicas del presidente, Daniel Angelici, hacia el juego desplegado por Boca, Julio Falcioni sigue enfocado en demostrar la validez de su propuesta.