Lejos de haber sido un espejismo dentro del partido, el dominio siguió siendo de los dueños de casa. Hubo otro buen movimiento, pero Nicolás Sánchez, el encargado de hacer olvidar al lesionado Hernández, equivocó el camino y una patada suya terminó en las manos de Bryan Habana. Pero el equipo de Phelan controlaba todas las facetas del juego, menos el scrum, donde nunca le encontraron la vuelta en esa etapa inicial.
La defensa era espectacular. Rodrigo Roncero, quien había estado en duda por una molestia física en la espalda sufrida en el Captain´s Ryn, metía unos tackles demoledores como si fuese un pibe. Su planilla personal marcó 8 en los primeros 40 minutos. Farías, otro gladiador. Ni hablar Figallo o Albacete. ¡Todos! Sánchez no le temía a nadie, pese a tener 23 años y sólo tres tests menores con Los Pumas.
Los nervios eran de Sudáfrica. Morné Steyn fallaba a los palos una de esas que él no perdona. Houggard buscaba a Vergallo para pelearse, y los de verde no encontraban el camino. Rodríguez sumó un penal más para irse al descanso por 13-3 arriba. La defensa de Los Pumas funcionó a la perfección, aunque Sudáfrica intentó por todos lados. Una gran respuesta, y un estadio que soñaba con entrar en la historia.
Pero estos encuentros duran 80 minutos. Y en desventaja, Sudáfrica pasó a ser peligroso. Se animó y presionó a Los Pumas. Los de Phelan cometieron más penales, y le permitieron a los visitantes acercarse en el comienzo del complemento. Cuando el reloj marcaba 20 minutos, el resultado era 16-9 a favor de Argentina, y estaban en 22 contrarias. Después de varios intentos, Santiago Fernández probó un drop y se fue cerca. Esa fue una de las últimas de Los Pumas en ataque.
Porque los de Meyer, con más experiencia en partidos de este calibre, encerró a los argentinos, y volvieron las imprecisiones como en Ciudad del Cabo. Algo lógico, porque el cansancio pesaba. Farías, Fernández Lobbe y Albacete ya estaban por arriba de los 10 tackles cada uno, y otros tantos casi en las dos cifras. Los cambios de Lucas González Amorosino, Marcos Ayerza y Martín Landajo, daban aire. El medio scrum del CASI tuvo una corrida bien característica, aunque le faltó apoyo. Otra hubiera sido la historia.
Pero a los 24 minutos, la jugada fatal. Francois Steyn le tapó un kick a Marcelo Bosch y se fue en soledad al try. Con el 16-16, Sudáfrica estuvo más cerca. Pero el corazón Puma no se quebró. Aguantó y aguantó. Morné Steyn falló un penal desde la punta y dejaba con vida a Argentina. Pero no quedaba mucho más.
La última pelota fue un scrum para los Springboks y fueron con todo. Los Pumas, aferrados a un resultado histórico, no claudicaron hasta que le hicieron volar la pelota y Landajo la sacó afuera. El árbitro Steve Walsh pitó el final, y la primera reacción de Camacho fue levantar los brazos. Un empate, que podría haber sido un triunfo. Pero que lo más importante que dejó el resultado es que no se está tan lejos. Este Personal Rugby Championship empezó bien para el seleccionado de Phelan. Todavía quedan cuatro batallas.