El partido se retomó media hora después y poco a poco recuperó dinamismo, aunque casi no se produjeron llegadas claras a los arcos en la primera etapa.
Fue Vélez quien asumió definitivamente el papel protagónico, en tanto Independiente, de contragolpe, hilvanó las jugadas más peligrosas.
A los 34' , Luciano Leguizamón envió un centro desde la derecha al palo más lejano, donde compareció Paulo Rosales para fusilar a Germán Montoya, quien sin embargo evitó el gol con una atajada espectacular. En el segundo tiempo se hizo más notoria la diferencia de madurez de ambos equipos: Independiente atacaba con mayor inteligencia y determinación, mientras Vélez, timorato, zozobraba con la ilusión de capitalizar alguna chance aislada.
El conjunto de Liniers manejaba la pelota y dominaba territorialmente al local, pero las réplicas de Independiente eran cada vez más graves y frecuentes.
A los dos minutos del complemento estuvo a punto de caer la meta custodiada por Montoya, tras un desborde de Claudio Morel Rodríguez por izquierda y un pase hacia atrás que Ernesto Farías desaprovechó rematando al cuerpo del guardavalla.
Vélez terminó en inferioridad numérica por la expulsión de Francisco Cerro a los 30, a causa de una falta deslizante contra Morel Rodríguez, mas así y todo consiguió llevarse un punto de Avellaneda.