El equipo de Pizzi, a pesar de la necesidad, casi no inquietó al arquero sanjuanino, Ardente. Rosario no gravitó en ofensiva con Medina y Castillejo y por eso los rosarinos no tuvieron poder de fuego.
San Martín dominó la cancha y pudo incomodar a Rosario con pelotas cruzadas y detenidas. Tal el cabezazo que sacó el arquero García cuando la pelota tenía destino inexorable de gol.
Rosario tuvo una ocasión sóla, pero fue inmejorable. Increíble el gol perdido por el goleador Gonzalo Castillejos. A un metro de la línea de meta no pudo ajusticiar a Ardente porque éste evitó el gol de milagro.
La primera mitad fue cediendo intensidad con el correr de los minutos y los dos pesaron en barajar y dar de nuevo. Para esto era imperioso llegar al descanso sin sobresaltos y por eso el juego se hizo grotesco en los instantes finales del primer tiempo.
En el complemento, decididamente Rosario jugó mejor y tuvo las mejores chances de abrir el marcador. Basta recordar el derechazo de Toledo que reventó el vertical izquierdo de Ardente cuando ya estaba vencido. Y ya que hablamos del arquero, destacar que en media hora había resuelto un par de bolas más que comprometidas.
El elenco de San Juan apostó al contragolpe y de esta forma puso en peligro el resultado y el futuro. Se vio superado por el rival y eso fue lo que le resultó más fácil. Y eso que los locales a esta altura jugaban con un jugador de más por la expuslión de Alderete por doble amarilla.
El partido entró en zona de infarto y todo pudo suceder. Fueron y vinieron y los nervios hicieron mella en los jugadores. Penco tuvo una ocasión inmejorabla para cerrar la serie en favor de San Martín pero el arquero García impidió la caída de la valla de Central. Final de locos.
Emotivo. Vibrante. Pero nada cambió. El partido se fue escapando y con él la chance de Central de volver a Primera. Tal como le pasó a Instituto, Central, estará lamentando las chances que tuvo y que dejó escapar.