Hasta que ‘SuperMario’ Balotelli hizo honor a su apodo y, después de una espectacular asistencia en profundidad de Montolivo, definió a la perfección batiendo a Neuer con un cañonazo. Lo celebró por todo lo alto quitándose la camiseta, lo que le costó una tarjeta amarilla.
El paso por los vestuarios no sirvió de mucho a Alemania pese a quitar a unos desafortunados Podolski y Mario Gomez para dar entrada a Klose y Reus, ya que aun manteniendo la tónica del partido e intentarlo todo durante la segunda mitad, sufría mucho sin balón permitiendo las peligrosas contras de los italianos, que pudieron marcar el tercero en cualquier momento.
El protagonista del partido, autor de los dos goles, también dio un susto al echarse al suelo tras un Sprint, lo que llevó a Prandelli a sustituirlo para meter a Di Natale. Al parecer sólo fueron unos calambres, pero habrá que estar expectantes para ver cómo evoluciona la estrella.
Ya en el tiempo de descuento, Mesut Özil obtuvo el premio a su gran trabajo durante el partido y todo el campeonato con un penalti que convirtió en gol. A pesar de esto, el milagro fue ya imposible para Alemania, que quedó igualmente eliminada por 1-2.
Así las cosas, una vez más –y van ocho– la selección alemana no pudo ganar a Italia en un partido oficial. Además, se cumple la curiosa teoría de que cada ocho años disputan la final dos equipos del mismo grupo en la primera fase. Ya lo hicieron Portugal y Grecia en el 2004, Alemania y la República Checa en el ’96 y Holanda y la URSS en 1988.
El domingo, la finalísima entre las dos potencias del Mediterráneo.