El público del Athletic, que era mayoría y se había entregado como pocos, se calló por unos minutos. Se respiraba la catástrofe para su equipo, que simplemente no podía tocar la pelota. De Marcos estaba desconocido, Amorebieta, desbordado y Llorente muerto de hambre en su isla desierta. Cayó el tercero porque no podía pasar otra cosa.
Pase de Xavi y disparo perfecto de Pedro, que con su doblete dejó claro que, tras un año en el limbo, está de regreso ese jugador que maravillara en 2010 y 2011. Si Vicente del Bosque hace lo que debería, tendría que llevarlo a la Euro. Y si puso realmente atención, tendría que dejar en casa a Muniáin, que dejó en claro que aún no está listo.
Messi aún tuvo el cuarto en un mano a mano contra Iraizoz, en el que su vaselina fue a parar directamente a las manos del guardameta vasco. Y Llorente pidió, con toda razón, un penal por jalón clarísimo de Piqué en el área, que además debió haber ameritado la roja para el 3 catalán. Esa jugada quizá podía haber cambiado el rumbo del partido, pero cuando Fernández Borbalán decidió tragarse el silbato, la suerte estaba echada.
El dominio blaugrana fue tal que, salvó esa acción de Piqué, no cometió una sola falta en la primera mitad. Habían sacado su mejor versión ante el equipo contra el que más cómodo se ha sentido en la era Guardiola. El estilo Bielsa ha conquistado España, y ha embelesado a Europa, pero es perfecto para el lucimiento del Barça, que goza contra los equipos que le proponen el juego tanto como sufre contra aquellos que se encierran atrás y hacen valer su dominio físico.
Como suele pasar cuando un equipo es tan superior al descanso, el segundo tiempo fue una especie de anti-clímax. El Barça se lo tomó con calma y el Athletic lo intentó con sus armas pero, cuando tuvo las oportunidades para reducir su desventaja, cayó presa del pánico escénico. Llorente tuvo una, Aurenetxe otra, Muináin un tercera. Nada qué hacer. A veces Pinto, a veces los nervios, pero no era la noche del Athletic.
Sonó el silbatazo final y saltaron a la cancha los jugadores blaugrana para abrazarse con su técnico icónico. El Barça terminó la era Guardiola tal como la empezó, con espectáculo, fútbol y títulos. Quien haya sido testigo de ella, jamás la olvidará. Y chapeau también al Athletic, siempre noble, y a su afición, la mejor de España. Colofón perfecto para una noche para el recuerdo.