De Duhalde al matón Vila: Problemas para Narváez (y un fallo para Clarín contra Supercanal)
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Cuando fui invitado al festejo de los 100 años de El Cronista Comercial decidí no asistir aún cuando trabajé en ese matutino entre 1979 y 1981, cuando Daniel Della Costa me invitó a ocupar el lugar que había dejado vacante Alejandro Matveczuk, seducido por la revista Mercado. Por entonces, El Cronista y Mercado eran propiedad de los mismos accionistas. Mi decisión de no asistir a los festejos fue la respuesta deficiente de Narváez cuando, semanas atrás, hice notar que desde la radio AM La Red y del canal América 2, de los cuales es el accionista individual más importante, un esbirro de Fernando Pocino (funcionario de la Secretaría de Inteligencia), disfrazado de periodista, me vinculaba a supuestos ilícitos cometidos contra funcionarios de los Kirchner. La respuesta que envió Narváez fue que él no era responsable de los contenidos periodísticos de sus medios de comunicación. Muy curioso porque yo no estaba pidiendo que ejerciera una censura sino que se verificaran las graves denuncias que me involucraban desde sus medios cuando no había sido (ni lo fui hasta la fecha) notificado por la Justicia. La oportunidad coincidió con la búsqueda de Narváez de convertirse en una suerte de satélite de Eduardo Duhalde, comportamiento extravagante que Urgente24 prefirió no profundizar (así el empresario pierde identidad y proyección personal), porque podría inferirse que el comentario negativo derivaba del entripado personal. La fiesta de El Cronista ocurrió y, con sorpresa fui informado del bochorno doble que ocurrió en esa aniversario, cuando Daniel Vila, socio de Narváez en La Red, América 2 y América 24, agredió a los periodistas Enrique Llamas de Madariaga y Julio Villalonga, ambos ex empleados de las empresas de las que co-participan Vila/José Luis Manzano y Narváez. El problema parece haber sido que Madariaga y Villalonga le ganaron juicios laborales a América 2. Precisamente las indemnizaciones que tuvo que pagar América 2 parecen haber provocado el enojo de Vila, pero no el de Narváez, si se tiene en cuenta que él invitó a su ágape a Madariaga y Villalonga. Vila increpó a Llamas de Madariaga cuando este se retiraba, o sea que aparentemente estuvo esperando ese momento para ir en su búsqueda; y más tarde, repitió la escena con Villalonga, quien fue director de la revista La Primera durante la etapa que fue del Grupo América, que la terminó cerrando. En el caso de Madariaga, hubo un forcejeo, Vila rompió la copa de champagne que llevaba en una mano y terminó cortando al periodista, quien fue atendido en una ambulancia del Same que se encontraba Ya por entonces, la fiesta de centenario de El Cronista Comercial era un escándalo. Madariaga: "Seguí caminando y el señor me decía 'Tiene que irse, ustedes me roban la plata, son ladrones de mi plata'. Al llegar a la puerta me pegó un empujón. Me di vuelta airadamente y este señor con la copa rota de champagne me hizo un tajo en la cara. Lo pararon y me dijo 'Mirá, por tus años no te mato, etc, etc'. Uno de los médicos (del Same) que me atendió me dijo que si me tropezaba me podía haber llegado a cortar la yugular, podría haber sido peor. Hace un mes estuvieron ladrones y me trataron mejor. Prefiero el trato con ladrones. Esto es lo que pasa cuando llegan a los medios hombres que no son periodistas, que son simplemente empresarios, que no ven al periodista como periodista sino simplemente como un conchabado". Pero habría más porque cuando Villalonga llegó, ya había ocurrido lo de Madariaga, Villalonga hizo una recorrida (bastante floja la convocatoria de El Cronista. Nadie del Gobierno, ni siquiera del Banco Central, y tampoco nombres decisivos en los escuálidos negocios argentinos), y al retirarse, otra vez apareció Vila, quien agarró de las solapas a Villalonga y comenzó a empujarlo y a forcejear hasta echarlo del salón de la Rural donde se desarrollaba la fiesta. ¿Qué es lo que tiene a Vila fuera de sí? Todo indica que en la disputa judicial con Grupo Clarín por Supercanal Holdings, acaba de producirse un fallo a favor de Clarín, que Grupo Uno no esperaba. Vila no le pudo vender Supercanal al mexicano Carlos Slim Helú a comienzos de 2008 -Slim no es un improvisado y le aclaró que por el elevado pasivo contingente que había en Supercanal no pagaría el monto exigido por Vila, y además estaba esa demanda de Grupo Clarín que Vila aseguraba que estaba bajo control pero Slim explicó que los de Clarín le decían lo contrario. Finalmente, prefirió mantenerse afuera del negocio. Y no se equivocó: la demanda de Clarín lleva largo tiempo. Clarín tenía el 20% de Supercanal, que le intentó licuar la participación-, y ahora hay un embrollo judicial considerable. Pero el protagonista de esta nota no es Vila, un personaje marginal en el negocio de la comunicación, dueño de participaciones accionarias diversas pero en su mayoría de escaso valor de realización, con excepción del diario La Capital, de Rosario, Santa Fe. El protagonista es Narváez, siempre preocupado en mantener una convivencia afable con Vila y Manzano, a un precio elevado. ¿De quién era la fiesta del bochorno? De El Cronista Comercial, un diario del que no participan ni Vila ni Manzano. Es 100% de Narváez. ¿Dónde era la fiesta? En La Rural, predio de Narváez, del que no participan ni Vila ni Manzano. ¿Por qué, entonces, Narváez estuvo dispuesto a permitir que Vila se comportara como el dueño de casa? No habla bien de la personalidad de quien ambiciona ser gobernador bonaerense, por lo menos. Vila gritaba, tanto a Madariaga como a Villalonga: "¿Y a vos quién carajo te invitó?", como si él tuviera poder de veto sobre las actividades de Narváez, dentro o fuera de la sociedad que mantienen. Vila injurió a los invitados de Narváez, los abochornó y los agredió, pero Narváez no intervino. Apenas llamó al día siguiente a Madariaga pero no a Villalonga. Vila no tiene futuro en la política. Si bien, desde el club de fútbol mendocino Godoy Cruz sueña con la Asociación del Fútbol Argentino, cualquiera sabe que eso es imposible para su estatura. Pero Narváez sí tiene veleidades y ambiciones, que riega con dinero a diario. Pero el éxito no es solamente cuestión de dinero sino de otras cualidades. Un Narváez pusilánime no le sirve a la política nueva que él afirma representar. Es evidente que si él pretende construir algo importante deberá reflexionar si seguirá aferrado a los pantalones de Duhalde y sin cortar el perverso cordón umbilical con Vila/Manzano. Solamente entonces podrá tomarse en serio al mentado Narváez.
