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La nueva traición de Néstor Kirchner: Federales Go Home
Eventos muy graves ocurren en la República: las provincias han aceptado ceder facultades, potestades, derechos y hasta debates legítimos a una Nación que les raciona peso por peso, y así controla a esos legisladores federales (bah... ¿federales?). Néstor Kirchner afirma supoder o prostituyendo o abusando de gobernadores, instalando una regresión preconstitucional en un escenario de creciente atomización.
18 de octubre de 2009 - 09:12
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Néstor Carlos Kirchner nació en Río Gallegos, Santa Cruz. Entonces, es lo que se llama "un hombre del interior", representante de latitudes distantes de la Aduana porteña, según dirían en el siglo 19, que ha sido encandilado por las luces y el oropel de la Casa Rosada. En el siglo 21, Kirchner impone un centralismo inédito.
El regreso de la democracia ha sido desolador para el federalismo, un concepto fundacional de la República Argentina. Hasta el cívico-militar Proceso de Reorganización Nacional fue más federal que el (ladri) progresista jolgorio de los organismos de derechos humanos que gestiona por estos días la Nación.
Los acontecimientos que acaban de suceder con motivo de la sanción del Presupuesto 2010 resultan una peligrosa regresión casi preconstitucional, con gobernadores renunciando a cualquier autonomía y cediendo hasta su legitimidad a la Nación.
Una sucesión de traiciones han convertido a los Kirchner en los mandatarios más poderosos de la historia argentina: la renuncia del Congreso Nacional a la mayoría de sus facultades importantes, a favor del Ejecutivo Nacional; y ahora la renuncia de los gobernadores a la mayoría de sus reivindicaciones, a cambio de algún dinero o promesa de obra pública.
Solamente el Poder Judicial pareciera mantener su anatomía íntegra, pero también es una ilusión. Por un lado, existe un Consejo de la Magistratura de la Nación que resulta una peligrosa interferencia y/o filtro a la Corte Suprema de Justicia. Por otra parte, es un Poder Judicial abundante de vacantes y, por lo tanto, de subrogancias.
El juez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni, dijo horas atrás en San Miguel de Tucumán: "Lo que hace una cantidad grande de subrogantes es generar conflictos y problemas. Este juez, a mi juicio, no tiene la misma independencia que el titular; por lo menos, se encuentra en una situación más vulnerable. Y eso no es bueno para el funcionamiento del Poder Judicial".
Así, la organización institucional de la Argentina padece notables disfunciones que, objetivamente, benefician a los Kirchner y su proyecto hegemónico.
Por cierto que esa hegemonía es un proyecto, de realización sólo aparente porque los Kirchner siguen cargando, pese a su poder, con el rechazo de más del 70% de la opinión pública.
Pero la sociedad argentina rinde culto a las apariencias. Le fascinan mucho más que las substancias.
Gracias a ese otro capítulo de la realidad, el amplio repudio es impotente a la hora de provocar una administración diferente del Estado. El resultado es o la apatía o la pérdida de confianza en el sistema o una suerte de 'ilegitimidad moral' que invade a los gobernantes en su vínculo con los gobernados.
En cualquier caso, es muy grave, y los dirigentes (políticos, empresarios, sindicalistas y otras corporaciones) no advierten las consecuencias que eso provocará a la realización futura de un proyecto de Nación, tema obligado del famoso Bicentenario.
Porque, aún cuando los reconocimientos siempre sean individuales, una sociedad es una acción colectiva, que triunfa o fracasa como tal.
Haber perdido esos conceptos resultan graves percances a la hora de evaluar porqué es tan triste ese Bicentenario que llega. Pero mucho más grave es no iniciar algún mecanismo de reconstrucción.
Por eso resulta tan interesante, aunque de improbable ejecución inmediata, un pensamiento de Rodolfo Terragno, en el diario Clarín:
"No hay por qué buscar inspiración en historias ajenas. Para organizar la Argentina de esta centuria, basta con invocar el espíritu de los "pactos preexistentes": aquellos que, en el siglo XIX, permitieron instaurar la Nación. Se alcanzaron a despecho de enfrentamientos que hacían inverosímil la unidad. Entre 1828 y 1860 el país fue una hoguera; y algunos acuerdos -firmados cuando amainaba el fuego- parecían insuficientes para evitar que la Argentina se convirtiese en tierra baldía. Hubo, por lo tanto, epidemias de escepticismo. (...)
En mi opinión, la democracia requiere, además, "acuerdos mínimos" que no pueden limitarse a peronistas y radicales. La acogida que tuvo mi Plan 10/16 me hace creer en la viabilidad de tales acuerdos. Mi plan es "el qué y el cómo" de una estrategia tendiente al desarrollo económico y social. Como preludio, requiere un "pacto preexistente". Un Pacto Argentino, breve pero crucial. Los compromisos principales podrán ser estos:
1. Gobernabilidad. En lo sucesivo, la mayoría aceptará que el número no otorga derechos absolutos. La oposición, por su parte, se abstendrá de obstruir en forma maliciosa.
2. Rigor institucional. Se respetarán con celo la división de poderes y la independencia de la justicia. Los derechos y garantías constitucionales tendrán plena vigencia.
3. Estabilidad jurídica. El Estado argentino no modificará unilateralmente, bajo ninguna circunstancia, las relaciones contractuales.
4. Desarrollo productivo. Se premiará la inversión en actividades industriales y agropecuarias.
5. Superación de la miseria. El rescate de la población bajo la línea de indigencia o pobreza será prioridad N° 1 de la política social.
Eso bastará para inaugurar un período sin antecedentes en la historia contemporánea de la Argentina. Cuantas más cláusulas se agreguen, habrá más vaguedad en el texto o menos firmas al pie. El pacto debe ser lo más preciso y representativo posible. Se lo deberá rodear, por otra parte, de una solemnidad que haga difícil su incumplimiento.
Quizás el lugar de la firma debería ser San Nicolás, donde persiste la Casa del Acuerdo. O Santa Fe, aunque ya no esté el viejo Cabildo, sede de la Constituyente de 1853. O Tucumán, que mantiene la reconstruida Casa Histórica.
Esto probará así que el pacto -lejos de ser un trato electoral o una coincidencia fugaz- es la base de la reorganización nacional."
Pero la coyuntura va por otro camino. El centralismo de los Kirchner es peor que el que esbozaron sus predecesores. No es una casualidad que siga ausente la nueva Ley de Coparticipación Federal de Impuestos. Nación y provincias ni siquiera pueden acordar sin que todo vuele por los aires, el sistema y los porcentajes de distribución de los tributos.
Mucho menos parecen conseguir una organización política que contenga a la historia del territorio: la asociación voluntaria o federación de Estados o poderes regionales, que delegan algunas de sus atribuciones para constituir el Estado o poder central.
Los Kirchner consiguen cumplir algunas de las ambiciones más difíciles de Bernardino Rivadavia, padre de los unitarios, y otras de José Manuel de Rosas, el falso federal. Si fuese cierta la actualidad de la Teoría del Péndulo para la Argentina, también merece alguna preocupación lo que vendrá después de los Kirchner...
Aqui algunos fragmentos dominicales para compartir:
Carlos Abrehu en La Gaceta, de San Miguel de Tucumán:
"La sumisión explícita al matrimonio presidencial ofrece una contrapartida: la garantía de financiación del estado provincial para 2010. José Alperovich respeta las reglas de juego del ultraverticalismo y aprieta los dientes. Los diputados oficialistas de Tucumán levantaron la mano por el proyecto de presupuesto 2010 y convalidaron el esquema centralista de distribución de recursos. Sólo la radical Norah Castaldo se opuso, y no se esperan vuelcos en el Senado que modifiquen las decisiones de fondo.
Alperovich retiró de su oferta política cualquier intento de discutir el esquema de coparticipación federal de impuestos. La crisis global es el argumento que usa habitualmente para no intentar el replanteo de un régimen que coloca a las provincias en una situación de aguda dependencia. Sucede que él integra la legión de mandatarios que prefiere mantener el actual estado de cosas, antes que desafiarlo.
El gobernador no se animó a anticipar el rechazo al adelanto de la hora, pese a que la opinión pública tucumana rechazaba la repetición de la experiencia del último verano. Aguardó, en efecto, que Cristina Fernández de Kirchner desistiera de la medida, ante la masiva resistencia de las provincias. Con la posición especulativa se abstuvo de irritar a la Presidenta.
Néstor Kirchner conserva bajo control un sinnúmero de recursos políticos, institucionales y presupuestarios que le permite disciplinar al grueso de los mandatarios.
Kirchner es como Rosas: unitario, diagnosticó Felipe Solá, cuando describió el proceder del ex presidente en la administración de la caja fiscal. Hay un sometimiento general, en especial de los argentinos con responsabilidades, a la idea de que tenemos que andar bien con una persona que, por gracia de Dios, nos envía los que nos corresponde, explicó el ex gobernador bonaerense, que acaudilla una fracción del peronismo disidente.
Pero ningún cacique provincial siente revivir la sangre federal frente a la sujeción ejercida con mano de hierro por el ex presidente. Bajo la sombra de la discrecionalidad kirchnerista, algunos sacan más ventajas que otros. Alperovich procura estar siempre entre los primeros. Sin embargo, eso no garantiza que obras claves para Tucumán se concluyan aun dentro de los plazos previstos en forma oficial, como la nueva traza de la ruta 38.
El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, había fijado el 10 de diciembre de 2011, como fecha de habilitación de esa estratégica vía de comunicación, pero surgen dudas sobre su efectivo cumplimiento. La inversión estimada por la Nación ronda los $ 663 millones, pero desde 2004 sólo hubo desembolsos por $ 332 millones. Hasta el 3 de septiembre se había concretado el 53 % del futuro trazado. Y el ministro de Economía, Jorge Jiménez, reconoció hace poco que buena parte de las partidas no transferidas por la administración federal, estaban dirigidas a solventar la nueva traza de la 38. La incertidumbre persiste de cara a 2010. Ese sentimiento no impera entre los santacruceños, ya que fueron privilegiados en 2008 por el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, tendencia que se consolidará en 2010.
La oposición denunció, durante el debate en Diputados, que las rutas y mejoras viales se dejan para adelante, y registran bajo nivel de ejecución. La maquinaria kirchnerista sigue su marcha en forma inexorable, aprovechando la mayoría propia y la colaboración de políticos de otras vertientes. (...)".
Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:
Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:
