Shaná tová umetuká: La comunidad judía recibe año nuevo 5768
Laicos, tradicionalistas y ortodoxos -como permite el universo de la judaidad- se reunirá la familia para conmemorar lo que la tradición judía considera el aniversario de la creación del mundo y el inicio de un período de expiación, que culminará con el 'Yom Kipur' o Día del Perdón. Según dicta el Levítico (23:23-25), dos días antes de comenzar el mes hebreo de 'tishrei' se celebra el 'Rosh Hashaná', una tradición que data de unos 2.500 años antes de la era cristiana, cuando la fecha era anunciada desde Jerusalén a todas las comunidades por medio de hogueras. En estos días es costumbre escuchar el saludo y la felicitación de 'shaná tová' (feliz año), acompañado del ajetreo de los preparativos de la gran cena de la 'Nochevieja' judía, la compra de regalos y los sencillos adornos de manzanas rojas en los escaparates de las tiendas. La celebración de esta festividad se ve marcada por dos costumbres: la comida de manzanas embebidas en miel, para que el próximo año 'sea dulce', y la asistencia a fuentes de agua como mares, ríos o manantiales, para 'deshacerse de los pecados e inmoralidades' del año que acaba. Aparte de las manzanas y bizcochos de miel, en la cena ritual de esta noche se suelen degustar dátiles, calabazas, garbanzos y puerro, símbolos de buenos augurios y fertilidad. Los comensales, siempre en familia, no se privarán de pescado relleno o guisado, según sean judíos de origen europeo u occidental (ashkenazíes) o sefardíes (descendientes de los judíos expulsados de España por la Inquisición) y procedentes de los países orientales o del mundo árabe (mizrajim). La expresión del 'Rosh Hashaná', cabeza de año o fin de año, no es la única forma de denominar a la festividad, y es que su nombre bíblico 'Yom Teruá' está relacionado con el deber de hacer sonar el 'shofar', el instrumento hecho con el cuerno de un carnero o chivo. El ulular de este instrumento de viento es el acto central de los rezos de la mañana durante la festividad del año nuevo y es distinto de la entonación solemne que se hace en las sinagogas al concluir el 'Día del Perdón'. Para los judíos israelíes seculares esta fiesta es un momento propicio para viajes y vacaciones, pues en esta época se inicia un período festivo que concluirá a finales de mes con 'Sucot' o 'Fiesta de los Tabernáculos'. Sin embargo, para los ortodoxos comienza un período de rezos y largas horas en la sinagoga, y de un tiempo de reflexión, introspección y expiación de los pecados del año anterior, hayan sido cometidos de forma intencionada o por descuido. Se trata de un período de diez días, 'Yiamim Noraim' o 'Días Terribles', que culminará el próximo 22 con el día más sagrado del calendario, el 'Yom Kipur', cuando Dios decide los que serán inscritos en el 'libro de la vida'. Por ello y en línea con la tradición mosaica, tras el año nuevo los observantes se saludarán con la leyenda: 'Gmar hatimá tová' o 'que seas bien inscrito' en el libro. Mas de 14 millones de judíos celebrarán la festividad en todo el mundo aunque los 5,3 millones de ellos que viven Israel lo harán tratando de dejar a un lado la situación política de gran inestabilidad por el conflicto regional con los palestinos. Como en todas las festividades del calendario judío, que este año coincide con el comienzo del mes sagrado musulmán de ramadán, los organismos de seguridad israelíes han elevado el nivel de alerta en todo el país y blindado los territorios de Cisjordania y Gaza. Para la mayor parte de los israelíes concluye un año agridulce, en el que el conflicto con los palestinos sigue cobrándose víctimas y el temor a una posible guerra con Siria salta a los titulares de los periódicos. No obstante, la conferencia regional prevista para el próximo mes de noviembre y auspiciada por EEUU y las numerosas entrevistas entre el primer ministro israelí, Ehud Olmert, y el presidente palestino, Mahmud Abás, en los últimos meses parecen señalar una tímida luz al final del túnel del conflicto. Recibe el Príncipe de Asturias de la Concordia el Museo del Holocausto de Jerusalén El museo del Holocausto de Jerusalén, Yad Vashem, fue galardonado hoy con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2007. El jurado otorgó el premio a la más alta institución internacional en memoria de los seis millones de judíos víctimas del Holocausto por ser un "recuerdo vivo de una gran tragedia histórica, por su tenaz labor para promover, entre las actuales y futuras generaciones, y desde esa memoria, la superación del odio, del racismo y de la intolerancia", se lee en el acta del jurado. Yad Vashem se impuso en las deliberaciones del jurado a la política colombiana secuestrada por las FARC Ingrid Betancourt, la cantante de Cabo Verde Cesárea Evora y a la ex presidenta de Islandia Vigdís Finnbogadóttir, entre otras candidaturas. Este fue el último de los ocho premios Príncipe de Asturias concedidos este año, dotados cada uno con 50.000 euros, y que serán entregados por el príncipe Felipe en una ceremonia en Oviedo en octubre próximo. El premio de cooperación internacional fue para el presidente de la organización Alianza para la protección del clima, Al Gore; el de las artes para el cantante estadounidense Bob Dylan; el de investigación científica y técnica para los biólogos Peter Lawrence y Ginés Morata; el de las letras al escritor israelí Amos Oz; el de comunicación y humanidades a las revistas científicas Science y Nature; el de ciencias sociales al sociólogo Ralf Dahrendorf; y el de los deportes al ex piloto Michael Schumacher.
