Por lo avanzado del embarazo (el feto tenía alrededor de 23 semanas de gestación), se le realizó una microcesárea. En el quirófano, ella no quería sacarse la bombacha, traumada y con miedo, la tuvieron que dormir para desvestirla. Cuando despertó, estaba aliviada.
"Lo que le sucedió fue porque era pobre. Si no, el embarazo no se habría interrumpido en la semana 16, sino mucho antes. Hay chicas que no tienen acceso a la información, a Internet. Esta nena fue vulnerada no solamente por la pareja de la abuela, sino por el Estado. Y anoche casi fue vulnerada nuevamente", dijo la doctora Cecilia Ousset, la ginecóloga que estuvo en el quirófano y tuvo que actuar como instrumentista del médico.
En pocas palabras, dejó en claro un fenómeno que todos conocemos y que no hay que pasar por alto: Falta información. La educación sobre sexualidad falta a lo largo y a lo ancho del país y atraviesa a todos los estratos socioeconómicos, pero su ausencia se siente más en los sectores donde hay pobreza.
La Educación Sexual Integral (ESI) es ley en todo el territorio argentino desde 2006. En los papeles, está garantizada a nivel nacional, provincial y municipal tanto en escuelas de gestión estatal como privada, laicas o confesionales. En la vida real, sin embargo, no se aplica.
El objetivo de la ley es que la educación sexual en las escuelas no se quede solamente en la demostración de cómo utilizar un preservativo, sino que vaya más allá. A través de la misma, los chicos sabrían identificar un abuso y a quién recurrir en caso de que exista uno. Otros ejes de la ESI pasan por el cuestionamiento a los mensajes cotidianos sobre sexualidad, el respeto a la diversidad, el conocimiento de los deseos propios y de los de los demás, además de la prevención de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual.
Sin embargo, la ESI no está garantizada en todo el país y donde más se siente su ausencia es en los sectores pobres. Por eso la nena de 11 años tal vez no pudo identificar que era víctima de un abuso y, si lo supo, no tuvo a quién recurrir. Por eso se presentó a un hospital cuando llevaba 16 semanas de embarazo y por eso tuvieron que practicarle una cesárea a las 23.
La ESI es una ley porque la educación sexual (así como la educación general primaria y secundaria) es un derecho de todos y una responsabilidad del Estado. Hay quienes sostienen que son los padres los que tienen que abordar los "temas íntimos" puertas adentro. Sin embargo, ¿qué pasa cuando en el ámbito familiar estos temas no se abordan correctamente?
El cambio cultural sobre la educación sexual está tomando lugar en todo el mundo y, si Argentina no aplica la ESI, se queda atrás. Una demostración de este cambio es la serie inglesa que estrenó Netflix este año, Sex Education.
En la misma, se relatan las historias de varios jóvenes que tienen alrededor de 16 años y las dudas sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad afloran. Algunos están comenzando a tener relaciones, otros descubren su orientación sexual, algunos comienzan a masturbarse y a identificar los deseos propios, aparecen embarazos no deseados, enfermedades y también desinformación.
El protagonista de la serie es un joven cuya madre es sexóloga. A pesar de ser virgen, tiene más conocimientos sobre sexualidad que el resto de sus compañeros, por lo que empieza a "aconsejarlos". Queda en evidencia como la apertura y el tratamiento de algunos temas, sin tabúes, puede ayudar a eliminar frustraciones y conflictos internos.
Sin embargo, el cambio cultural es palpable. Un ejemplo: Hay un personaje que es homosexual y lo vive con libertad y orgullo, a pesar de ser agredido, pero hay otro que lo reprime por la presión social y familiar. Algunos aún tienen miedo de masturbarse o no saben cómo disfrutar del sexo, pero a través de la apertura sobre el tema logran superar sus limitaciones.
No es más que una serie, pero es una demostración de hacia donde está yendo el mundo. Muchos de nosotros crecimos sabiendo que hay temas de los que no se habla porque son "privados": Sexo, masturbación, deseos, genitales. Sin poder conversarlo en un ámbito familiar o educativo, los jóvenes recurren a Internet o a sus amigos. Así se educan a través de información falsa o imprecisa.
Durante mi niñez y adolescencia, nadie me dijo que no debía permitir que me tocaran sin mi consentimiento ni me dijeron a donde recurrir si alguien lo hacía de todos modos, tampoco conocía cuáles eran las enfermedades de transmisión sexual ni cómo identificarlas, no me mencionaron otro método anticonceptivo además del preservativo y los jóvenes que me rodeaban aprendían sobre sexo mirando pornografía.
En Sex Education, una joven recurre a una clínica para realizarse un aborto. Saca un turno, tiene la asistencia médica correspondiente y la contención necesaria. No hay mayor drama al respecto, la vida puede seguir.
En Argentina el aborto no es legal en todos los casos. Sin embargo, sí lo es para las víctimas de violación y para aquellas mujeres cuya vida corre peligro si la gestación continúa. En la práctica, no es tan así. Ambas condiciones se cumplieron en el caso de la niña tucumana: Su salud corría peligro y la habían violado. Tuvo que pasar más de un mes para que, efectivamente, se lleve a cabo el procedimiento. Un mes más de gestación y de tortura, un intento de suicidio. El caso apareció en los medios de todo el país, generando debates y controversias.
Como si esto fuera poco, el arzobispo tucumano difundió un audio en el que pide a la sociedad que cuide y proteja las "dos vidas". La nena creció en un entorno religioso y, de hecho, pidió que le pongan música cristiana mientras estaban realizando la intervención. Pero ella quería que le saquen "lo que el viejo le metió adentro". El arzobispo no solo la juzgó, sino que la descuidó cuando, en el audio que difundió, la nombró.
Una vez realizada la microcesárea, los médicos que intervinieron son víctimas de amenazas. Mientras tanto, la nena no solo tiene que recuperarse de una intervención quirúrgica, sino también del trauma de una violación y de una gestación no deseada, de que varios profesionales le dieran la espalda y de que haya habido campañas públicas y presiones institucionales para obligarla a convertirse en madre.