Ante la economía mundial se plantean en los últimos tiempos fuertes desafíos vinculados con las tendencias a la autarquía, la preeminencia de los intereses que defienden los mercados propios y el proteccionismo, según constata Mark Goysman, director del Centro de Análisis y Tecnologías Financieras. Esto se manifiesta en las “guerras comerciales” entre USA, China y la UE, en la contraposición en las relaciones comerciales de USA con México y Canadá, y en el “Brexit”, entre otros. Tales manifestaciones demoran el desarrollo de toda la economía mundial, crean condiciones estresantes y amenazas de crisis de amplia escala.
Para la superación de estos peligros deben utilizarse los mecanismos de las organizaciones supranacionales, las organizaciones económicas internacionales tales como el FMI y la OMC. El perfeccionamiento de su actividad, por una parte, es excepcionalmente importante para los países RIC. En muchos aspectos, ellos dependen del nivel de libertad de comercio y de exportación, lo que debe controlar la OMC, y de la distribución racional y eficiente del financiamiento en el marco del FMI, por lo demás no sólo para los países mencionados.
Por otra parte, precisamente los estados RIC con su enorme población, territorios y protagonismo en la demanda y oferta mundial de commodities y producciones, podrían ser un factor determinante de influencia ante la OMC y el FMI en los procesos de coordinación de las condiciones financieras y comerciales en el mundo. Por ejemplo, China claramente sufre por los gravámenes unilaterales al ingreso de sus productos a USA, y sobre la economía de la Federación Rusa golpean las sanciones anti-rusas.
Esta práctica contradice no sólo el espíritu de la OMC, sino también -y con frecuencia- los precisos postulados fijados en el marco de sus convenios contra las limitaciones o las sobrecargas de mercancías. Para los RIC, además de las condiciones comerciales, son importantes los factores financieros sobre los que puede influenciar el FMI: el movimiento de capitales, las tasas de interés, las condiciones crediticias en dependencia del nivel del desarrollo de las economías.
En el marco de la dispersión de acciones y de la búsqueda de estrechos intereses nacionales por determinados países, Goysman está convencido, tal como se demuestra en la práctica, la OMC y el FMI se encuentran capacitados para contraponer acciones efectivas, pero ambos están limitados en su real eficiencia y ejecutividad. Por eso es que aparece en los RIC la idea de las tareas del protagonismo y la autoridad de mercado de Rusia, India y China en las organizaciones internacionales.
El FMI surgió en 1945 como una cierta solución para los problemas económicos de postguerra, y fue necesario para respaldar el sistema cambiario creado por el sistema de Bretton-Woods, según recuerda a su vez Alexéi Antónov, analista de “Alor Brockers”. Pero, desde el momento de su creación pasaron 75 años, y el presidente Putin señala con justeza que se podría revisar los resultados de su trabajo.
En 1er. lugar, todas las resoluciones del FMI se adoptan por una mayoría: el 85% de los votos pero un 17% le pertenece a USA, es decir que este país detenta el derecho del veto sobre cualquier iniciativa. Puede decirse que USA dirige la agenda del FMI y esto violenta muy fuertemente el principio de multipolaridad acerca del que habla el presidente Putin. En comparación, Rusia sólo tiene el 2,7% de los votos cuando su incidencia en la agenda política internacional es incomparablemente mayor a ese porcentaje.
La UE con frecuencia respalda a USA y en la práctica estas dos regiones someten a los demás. Si Usted no acordó con la UE y USA no puede pretender al éxito de su iniciativa en general aunque existe, por ejemplo, la alianza RIC que representa a una parte esencial de la población del planeta, no menos significante que USA y la UE. Por ese motivo, lo más importante en una potencial reforma es asegurar una distribución más equitativa de los votos en el FMI.
A propósito de ello, según agrega Antónov, sobre la efectividad: Rusia tomó dinero del FMI desde 1992 hasta 1998, en total US$ 32.000 millones. Pero esto no ayudó a combatir la inflación o prevenir el default de 1998 e incluso puede que haya sido al revés, aceleró estos procesos.
Similares procesos ocurrieron y ocurren en otros países. La política de distribución de créditos del FMI conduce, como norma, a la dependencia del país de esos créditos y a la parálisis de su voluntad política. Países como Ucrania o Argentina intentan infructuosamente hasta ahora desarrollarse con ayuda de los créditos del FMI, lo que incluso provoca la protesta social.