Calma chicha
Vivimos ese momento que podría definirse como “calma chicha”, un tiempo signado por un ambiente de aparente normalidad. Sin embargo todos los actores del drama por venir, sean estos simples viandantes o influyentes poderes fácticos, son conscientes de que esa calma es aparente y que detrás de ella, nos aguarda el temporal.
A lo que íbamos: el carnicero de la esquina o el productor que tiene granos en el silo bolsa se hace la misma pregunta: ¿Hasta cuándo el Banco Central seguirá vendiendo dólares a 82 pesos? O para pasarlo a un castellano menos prosaico, ¿cuándo y de cuánto será la devaluación?
Más allá del súper cepo a los US$ 200 que vendían los bancos a los pequeños ahorristas, más acá de la rebaja a las retenciones sojeras, lo cierto es que el Banco Central no tiene el flujo necesario para financiar importaciones a 82 pesos y sigue desprendiéndose de reservas. Entonces, jugadores como Roberto Urquía, dueño de Aceitera General Deheza, que está parado sobre una montaña de aceite de girasol, no tiene ningún interés en venderlo, a la espera de lo inevitable.
El importador que importó sanitarios a $82, ¿a cuánto calcula la próxima reposición de las ventas? Y así sucesivamente con cada individuo o empresa que calcula su futuro.
¿Puede el Banco Central ir a un tipo de cambio único? Poder puede, otra cosa son las consecuencias. Sería un salto inflacionario de magnitud y por tanto de la pobreza y el empleo, pero el sinceramiento en ciernes se antoja inevitable, mientras contemplamos los estertores de esto que no es ni plan, ni leches, ni chicha, ni limonada.
Hablando de planes, siempre se habla de Martín Redrado trabajando en algo, de Diego Bossio, de Miguel Peirano, las esperanzas que puedan acercar algo. ¿Será cierto? La idea es un ordenamiento fiscal, una fuerte rebaja impositiva, para alentar inversiones y un acuerdo con el Fondo, para que suelte líquido, quitarle ceros a la economía (una suerte de neoconvertivilidad) y recrear un clima de confianza.
Justo Redrado habló está semana de “riesgo cambiario notable”, mientras varios fantasean con un rentrée público por todo lo alto. La pregunta es si estas complejidades que antes describíamos pasan por la cabeza del presidente Alberto Fernández, y, oteando la coyuntura, da la impresión de que no pasan.
