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Argentina no tiene quien “LA” escriba

Esquivando autores y textos, 'el Bigote' Acosta escribió esta crónica de la Argentina presente, atrapada en una disputa sobre formas antes que substancias, relatos y no historias, amante de los análisis superficiales antes que de las búsquedas profundas sobre su origen y destino.

Disculpas a todos los profesores de periodismo en cualquier sitio y lugar. He sido uno de ustedes. Abomino de los títulos remedando la literatura y el uso de los artículos en mal estado de composición. Disculpas.

Argentina no tiene que “la escriba”. Sin un texto sobre el que se pueda asentir, disentir, finalmente entender, la situación  de tartamudeos es un inútil farfullar. Estamos en eso.

Tal vez el mayor tartamudeo fue el de Mauricio Macri, lo suyo exasperaba. Dejemos constancia, al 41% del país le parecía necesario y lo entendían. Lo certificaron en el 2019. Aleluya. Milagro.

El otro contendiente, Alberto Ángel Fernández, el porteño, pertenece a las mas bajas estribaciones del peronismo. En un discurso de la semana anterior (mitad de noviembre) dijo que “yo fui el arquitecto de mi propio destino” era un textual de Juan Perón. Amado Nervo no se enojará.

Nadie se enoja definitivamente con Fernández, Alberto Ángel, y acaso se deba a que con él se deconstruye un relato sobre este punto. El líder. El vértice de una pirámide o una construcción socio política de trascendencia. Aún “El Mauri” se sostiene en ése punto. Sus exégetas – repito – el mejor Ernesto Tenenmbaum dibujan filigranas en la verde gramilla, en el césped de las canchas dominicales donde se juegan los partidos del “dejame que lo explico”. Variante: “dejame que yo lo explico”.

Allí es donde aparece el punto incandescente. Es “Los 70”. Ceferino Reato luchó contra la afamada editorial donde publicó sus libros anteriores porque los estudios de mercado indicaban que otro libro sobre peronismo y los años ’70 no sería rentable. Fallaron los estudios de mercado. Reato asumió riesgos económicos. El libro se vende. No perdió el dinero apostado a una mirada, otra más sobre aquellos años.

Deberíamos preguntarnos si no es que luego de aquellos años no hubo más escritura sobre Argentina y el país comenzó a ser relatado. El relato no es la historia, ni siquiera una cronología, es lo que se define con el nombre. El relato no es traición, es cuento, uno bien urdido. Todos somos Scherazade.

Altamirano, antes pareja y profesor de la Sarlo, me decía que no había salida porque el peronismo subsumió al socialismo y de eso no se salía. Que toda idea de progreso social asociada al peronismo, sin cuerpo ideológico coherente y sustentable, era una intentona condenada al fracaso. El peronismo no fracasa, me decía, simplemente se devora en lo suyo: la simulación del progreso y la igualdad. Hermes Binner iba a ser candidato frente a Cristina Elizabet Fernández de Kircher, la muchacha del arrabal platense, reciente viuda. Lamento no tener registro grabado. Altamirano es un lúcido pensador y su pareja de hace algunos años es importante en las crónicas dominicales de este siglo.

El libro de Reato sobre aquellos años no es un análisis total, certero al ciento o enfocado en los años 20… del siglo XXI. Eso no existre. Es como el mapa de Borges, de tamaño natural. Es un lúcido y polémico antecedente que, en mi caso, me llevó a preguntas y símbolos.

La foto del retorno es José Ignacio Rucci sosteniendo El Paraguas donde se guarece Perón de la llovizna (¿pertinaz?). Che, no esquiven la cola a la jeringa. El líder obrero es el que sostiene el paraguas al líder político que retorna… y triunfa por el voto cuando lo dejan ser candidato. ¿No ven un símbolo en eso…? Ese mismo dirigente, el más importante de esos años, es el paraguas obrero de Perón y, sin ninguna duda, es “asesinado por asesinos”… de filiación peronista. ¿No ven símbolos allí…? Otro: Rucci vivía en una  casa de pasillo, donde recién se había mudado…

Hay mas símbolos perdidos. El único relato -novela– de la realidad en movimiento (la política y la sociedad asumen la definición del cine:”imagen en movimiento) la única realidad que venció al peronismo residual (Perón muere el 1 de julio de 1974) es Alfonsín y el preámbulo de la Constitución Nacional y un eslogan futurista: “Con la democracia se educa, con la democracia se come…”

Cualquiera sabe dónde fue a parar Alfonsín y los suyos. Moreau y su discurso en la cancha de Boca trocaron en Moreau “versionador” de un proyecto K de poder donde encontró sustento su familia. De estos datos alguien debe mirar de cómo se esparce el pensamiento nacional o lo dicho: como se deconstruye una historia, no un relato.

Cuando la Sarlo dice, sobre este fin de semana,  que los pobres ya pagaron el impuesto (textual: “El ajuste no lo van a pagar los pobres, ya lo pagaron”) pone a una importante “miradora” de la realidad nacional en donde elige colocarse, en la excentricidad, lejos de las olas y el huracán. Insistencia: es cierto lo que rotundamente afirma.

Cuando Tenenmbaum cuenta un diálogo de Alberto Ángel Fernández y ese poder real del “Grupo Brito”, con el mismísmo Brito, poco antes de morir, hace relato paradito en su vértice: voy a sostenerme en este punto del país, donde contar el día es lo sustancial. Igual, es valioso.

Atardecida su vida – hoy - José Pablo Feinman es una figura que se extraña, en los últimos tiempos más divertida que profunda, pero se extraña. Mal puede remplazarlo el DT de volley puesto a historiador.

Algún material de Berensztein y la tremenda sorpresa. Con sus más y sus menos es Duhalde, el que mira a un porvenir que claramente no es el suyo (ni el mío) pero lo manifiesta.

Los libros de denuncia son eso, pero una denuncia no es una escritura de un país, es un síntoma puesto en superficie, una llaga que se muestra.

Denunciar no es proponer, es lo que dice la palabra: denunciar. Cómo escribir Argentina, “la” Argentina a través de denuncias… No lo sé, parece un yerro importante.

El colega Miguel Ángel Roig, en su serie de notas sobre la peste, escritas desde Madrid. cita a Obama y su más reciente libro. Parece necesario reproducir esa cita: «Si no tenemos la capacidad de distinguir lo que es verdadero de lo que es falso, entonces por definición el mercado de las ideas no funciona. Y por definición nuestra democracia no funciona. Estamos entrando en una crisis epistemológica».

Mas allá de los libros de denuncias de Alconada Mon o Diego Cabot, de las tajantes lecturas que hace de Silvia Mercado de CFK, mas allá de los importantes testimonios de Reato (un libro sobre un velatorio es todo un hallazgo, la necrofilia y su boato como un eje político) de los perdidos e inútiles libros de Bonasso o Anguita and Co., lo cierto es que pensar Argentina, después escribirla (Pienso, luego existo) es la tarea fundadora. Sin una historia, con balbuceos e histrionismo no se llega.

Con símbolos como votar sonriendo un impuesto irónico y tartajeante: le sacamos a Coto, pero no a Carrefour, a Deheza pero no a Cargill (se paga un  impuesto según el dueño de un almacén sea argentino  no…) los símbolos estarán, porque todo facto es el hecho y el símbolo que trasciende, la memoria que persiste, el ejemplo que oferta, el fundamento que sostiene mañana esto que sucede.

Todos los días creo que alucino cuando, con un simple oprimir botones del control remoto, paso de una editorial tan engolada y churrigueresca como bien paga e inútil de VHM (el uruguayo que relataba fútbol profesional contándonos qué imaginaba cada jugador o sea: un relato bien urdido de algo que crecía literariamente desde un puntito de la realidad: el partido se jugaba. Ahora relata sin que se juegue el partido. Le sirve. La junta con la pala.) desde la vetustez mediática de Morales  a la información, papel en mano, de una bella señorita que, en el canal de Pierri, me cuenta cosas que seguramente deben ser interesantes, seguramente…

Tal vez haga falta José Hernández, revisar su poema no en la sección “Viejo Viscacha” (con ese). De esos refranes tenemos un listado de actores políticos que lo usaron de biblia del oportunismo nacional.. Revisar su poema en un punto, uno solo. Los versos del anuncio.

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