Esperando la carroza ( tres empanadas...)
La desubicación que lo hace quejarse de la magra comida, de la imprevisión y, finalmente, la pobreza que se manifiesta en desigualdad entre Brandoni, quien se queja de las pocas empanadas, del “tan solo eso”, del “caramba que poco que había”, muestra la desubicación de quien tiene para con quien no tiene nada. La carcajada que estallaba perdonaba al cruel y se mofaba del pobre. Tan simple como eso.
Qué pedazo de cruel y desaprensivo ese personaje… pero todos lo entendimos… y perdonamos. La frase comenzó a quedarse un poco más, para morirse despacio, como dice la canción; finalmente no se murió.
El uso y el abuso
Un uso diario indicando –justamente- la desubicación de quien no teniendo nada pide mucho desvió el original, pero como de sobre entendidos se trata el uso la consagró: “tres empanadas” comenzó a indicar a quien teniendo poco margen, poca calidad artística, poca capacidad de sala quería un rotundo éxito.
¿Qué opinas… ? Y… tres empanadas… Así se convirtió en un resumen de la desubicación y trasladó aquella crueldad a la desubicación. Ya no era el rico que medía con su vara gastronómica a los pobres, en una reflexión tan ligera y odiosa como cruel, dentro de su auto francés, ahora la frase refería a los pobres queriendo dar de comer, con tres empanadas, a una multitud.
Antes de 'La Peste', un subproducto del negocio del espectáculo exclusivamente comercial, Flavio Mendoza, tituló y protagonizó un esquicio con ese título: 'Tres empanadas'.
La referencia a la famosa frase tiene mucho de reclame publicitario como de incomprensión del texto original o mejor, de una comprensión diferente y tan real como que la obra existe.
Todos los que la conocen - que no son todos los habitantes - tienen un entendimiento personal, como corresponde, de la frase, del contexto original y de las deformaciones que impone el tiempo y el uso. Rolling Stone, el canto rodado que es el lenguaje lleva y trae los significantes.
Salmón, delivery y protocolo sanitario
Quisiera que ya fuese mediados de setiembre y que ya, ya mismo, fuese fines de noviembre o primeros días de diciembre, para saber hasta qué punto las fiestas en la Residencia de Olivos volvieron mas “fané y descangallada” la existencia del Alberto Fernández, el porteño… y abogado.
Al doctor Arturo Illía el periodista Ramiro de Casasbellas y también Tomás Eloy Martínez, y el dibujante Landrú, lo escarnecieron, vituperaron hasta que la milicada se lo llevó puesto.
A Fernando De la Rúa, Marcelo Tinelli, más el dibujito del programa de Daniel Hadad lo ridiculizaron (merecidamente) hasta que “la realidad de su inefable irrealidad” se lo llevó puesto.
Al actual Presidente no hay medio de comunicación, ni milicos, Congreso, fuerzas de ocupación, guerrilla o colapso que se lo lleve puesto… Gracias a Dios. Hay, es cierto, una absoluta unanimidad: las fiestas estuvieron mal, él mintió y conquistó la desconfianza. Pocos –en la intimidad- le creen al Presidente.
Se cree en su investidura y a ella nos aferraremos. Se irá el 11 de diciembre de 2023, eso esperan todas las encuestas. Faltan los votos de 2021 para tener una idea cierta. Nadie puede quitarle su sueño infantil: quedarse una vuelta mas en la calesita que chocó tantas veces.
Extraña situación, en Fernández (Alberto Ángel, porteño… y abogado) se resuelven las dos acepciones mas comunes del acto del grotesco rioplatense:
- él es el rico que se enoja porque el hermano pobre sólo tiene tres empanadas y, también,
- él es el Fernández que pensamos que poco puede hacer, en el negocio del espectáculo y la comunicación, si todo se reduce a tres empanadas… que ni siquiera son suyas, son prestadas.